lunes, 29 de julio de 2013

Brasil tras la reforma al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

Por Erika Uribe
El fin de la Guerra Fría, los constantes cambios, las transformaciones en el mundo, el surgimiento de nuevos actores en la escena internacional así como el desarrollo de los procesos globales, han demostrado la creciente necesidad de reformar ciertas áreas de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Dentro de estos cambios destaca la reforma al Consejo de Seguridad (CS), tema sumamente debatido en las últimas décadas en donde diversos países de la comunidad internacional han preparado propuestas de manera individual y en conjunto con la intención de lograr un CS que responda de manera más efectiva a las necesidades actuales y que actúe de una manera más eficaz a los nuevos desafíos que atentan contra la paz y la seguridad internacional, objetivo primordial del Consejo.

En este mismo sentido, destacan las posturas de algunos países latinoamericanos que han ido adquiriendo cierta notoriedad en la región y que se encuentran sumamente interesados de una forma u otra, en formular cambios al CS, mismos que desde su perspectiva representarían sus intereses individuales y/o regionales según el tema.

Actualmente, Brasil es considerado como una “potencia emergente” al formar parte del grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Su creciente liderazgo en América Latina así como el aumento considerable en calidad y cantidad de sus relaciones internacionales con todo el mundo, han permitido que adquiera un papel más activo particularmente en el seno de Naciones Unidas y particularmente en el Consejo de Seguridad. Desde 1946, Brasil ha ocupado diez veces un asiento como miembro no permanente[1].

Dentro de las principales características que reflejan la postura de la delegación brasileña se encuentran la urgente necesidad de un Consejo de Seguridad que responda a las necesidades actuales internacionales de una forma más legítima, representativa, efectiva y eficiente, la revisión y composición del número de miembros permanentes y no permanentes, la necesidad de una reforma para satisfacer las nuevos requerimientos de legitimidad y representatividad del órgano de seguridad así como una operatividad con el fin construir un nuevo orden de cooperación entre los países a través del fortalecimiento de la ONU y redistribución del poder en la toma de decisiones cruciales para salvaguardar la paz y seguridad internacionales.

En la Cumbre de la ONU del año 2005, el proceso de reforma del CS constituyó el tema más álgido entre las discusiones debido a su complejidad y la diversidad de opiniones y propuestas. Fue entonces cuando se formó el llamado Grupo de los 4 (G4) compuesto por Alemania, Japón, India y Brasil. En términos generales Alemania, Brasil, India y Japón indicaban que deberían adquirir una membrecía permanente junto con otros dos países africanos, de esta manera habría 6 nuevos participantes así como aumentar cuatro lugares más para los lugares como miembros no permanentes. Finalmente el G4 planteaba revisar en un periodo próximo de 15 años la actuación de los nuevos permanentes con la intención de analizar el derecho a veto.

Lo cierto es que detrás de los distintos posicionamientos que la diplomacia brasileña ha realizado en torno a la reforma del Consejo, el interés individual de Brasil por ser uno de los países que ocupen los posibles nuevos asientos es evidente. Desde hace algunos años a la fecha, Brasil ha ido acomodando sus intereses y fortaleciendo sus lazos con naciones aliadas de manera que a logrado  “jugar sus cartas” a nivel regional e internacional en el caso –remoto, catalogado por muchos expertos- que la reforma se llevara a cabo.

¿Por qué Brasil debería ser un miembro permanente en el CS? (desde la óptica brasileña)

  • La composición del Consejo de Seguridad ha permanecido intacta 1965, año en que se amplió el Consejo de 10 a 15 estados miembros.
  • No existe un Estado representante de la comunidad latinoamericana.
  • No existe otro país en América Latina que haya mostrado tan abiertamente su postulación como posible miembro permanente.
  • Brasil ha participado en aproximadamente 25 operaciones de paz, ha integrado misiones en África, América Latina, Europa y Asia a través de envíos de tropas, observadores militares, policías y observadores electorales.[2]
  • Brasil recuerda que es el país más grande tanto en población, territorio y economía en América Latina.
  • Cuenta con el apoyo de países como Rusia, Cuba y por supuesto, sus aliados dentro del grupo de los 4.
  • Brasil vive un momento clave al poseer un amplio alcance global al ser de los pocos que tienen relaciones con todos los países del mundo.[3]
  • Brasil es considerado por muchos como una potencia emergente y con grandes promesas de desarrollo.
  • Brasil posee una experiencia importante a comparación de otras naciones –como el caso de México- en el seno del Consejo, aspecto que le ha permitido conocer más a fondo sus necesidades, formas de trabajo y temas en la agenda.



La campaña de Brasil puede ser vista desde varias perspectivas. En el ámbito regional pugna por representar a los países latinoamericanos que no forman parte de las decisiones cruciales en torno a la seguridad y paz en el mundo. En la óptica de los países en desarrollo, Brasil se jacta de tener estrechos lazos con estados que poseen condiciones similares así como un amplio diálogo que puede observarse con más detalle en los foros de cooperación sur-sur. Finalmente y de gran importancia, Brasil se “codea” con países claves de la economía internacional como sus aliados en el G4.

Un posible ingreso de Brasil como miembro permanente le traería una mayor presencia dentro de la ONU, un afianzamiento de Brasil como un actor estratégico, mayor reconocimiento mundial y aumento en las aspiraciones y trabajos para convertirse en una potencias mundial, liderazgo en América Latina en general y particularmente en Sudamérica, mayor poder político y de acción en sus relaciones internacionales, mayor participación y por ende, aumento en las responsabilidades en Naciones Unidas, más facilidad para proponer temas y vías de acción en la agenda, mayor influencia en la solución de conflictos de paz y seguridad internacionales, posibilidad para formar alianzas estratégicas –económicas, de seguridad, entre otras- con naciones con las que no tenía un contacto tan estrecho y por supuesto, aumento significativo en la capacidad de negociación internacional.[4]

Se logre o no la reforma, es preciso acotar que Brasil ha respetado a lo largo de las últimas presidencias una política exterior de Estado con el objetivo de ganar un espacio en el CS, es así que este país latinoamericano aprovecha cada encuentro bilateral o multilateral así como distintos foros en los que participa para señalar su particular interés. Este último aspecto, no ha sido muy bien visto por sus contraparte latinoamericana a cargo de México y Argentina quienes no ven con buenos ojos el papel tan protagónico que Brasil ha adquirido.

Más allá del hecho que se llegara a consolidar una reforma al sistema de Naciones Unidas y especialmente en el órgano de seguridad –aspecto que depende de múltiples factores, intereses encubiertos y situaciones coyunturales-, la actuación brasileña debe ser un aspecto a considerar en la participación de otros países de América Latina que desean alcanzar un asiento en el Consejo. Para México, el protagonismo de Brasil en este ámbito forma parte de una más de las consecuencias del bajo perfil en la política exterior mexicana en los últimos años.






[1] La duración como miembro no permanente del Consejo de Seguridad es de dos años. Brasil ha ocupado un escaño en los siguientes bienios: 1946-47, 1951-52, 1954-55, 1963-64, 1967-68, 1988-89, 1993-94, 1998-99, 2004-2005, 2010-2011.
[2] http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/spe/SPE-ISS-03-08.pdf[3] El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Antonio Patriota, ha indicado que un ejemplo del alcance de las relaciones internacionales al declarar que Brasil posee mayor número de embajadas en África que el Reino Unido. Fuente: http://lta.reuters.com/article/worldNews/idLTASIE95G05C20130617
[4] Valeria Marina Valle, “Brasil y la reforma de las Naciones Unidas” en 60 años de la ONU, ¿qué debe cambiar?, Australian National University y Universidad Nacional Autónoma de México, México, agosto de 2005, 297-320 pp.

1 comentario:

  1. Es interesante observar el desarrollo histórico del intento de Brasil por conseguir un asiento como miembro permanente en el CS-ONU. Desde mi perspectiva, los Estados siempre deben tratar de detentar el poder para utilizarlo en su beneficio, de no ser así, (desde el realismo político) el Estado no tendría sentido per se. Es lamentable que en México, se hagan declaraciones como las que en su momento hizo Felipe Calderón: "México no busca ni buscará detentar el poder en el sistema internacional". En mi opinión debe hacerse un cambio en la estrategia de política exterior que se tiene en el país y adquirir una visión más realista y pragmática del acontecer internacional. Es necesario que para que el país logré un mayor desarrollo no sólo económico, sino también político y social; se comience a tratar de adquirir mayor influencia en las instituciones que rigen (nos guste o no) en sistema internacional, sólo de este modo obtendremos mayor legitimidad como líder regional y una mayor capacidad de negociación que se traducirían en una poderosa herramienta para lograr avanzar en los diversos temas de la agenda nacional e internacional.

    ResponderEliminar