Por Yosu Ferré
“La violencia es el miedo a los
ideales de los demás.”
Mahatma Gandhi.
El tránsito de la esfera privada a la pública y el acceso de las víctimas de maltrato intrafamiliar al sistema de justicia.
Una de las
características que diferencian al maltrato intrafamiliar de otros delitos es
su denuncia. El proceso de denuncia de otros actos ilegales -como un robo o un
asalto- suele ser inmediato, ocurre justo después del hecho. La denuncia de la
violencia intrafamiliar, por su especificidad, es un proceso no lineal y más
bien tardado. Existen varios factores que retrasan y/o desincentivan la
denuncia de esta violencia, como pueden ser; la normalización de la violencia,
la supuesta “protección de los hijos o hijas”[1],
la dependencia económica, la negación y los sentimientos de culpa-vergüenza, entre
otros. Son justamente los sentimientos de culpa y vergüenza y su intrínseca relación con la
separación entre lo público y lo privado el motivo de este esfuerzo.
No nos
adentraremos en escudriñar la naturaleza de la res pública, ni del pater
familias, ni del género y la diferencia sexual, partiremos de la división
de las esferas de “lo privado” y “lo público” y su relación valorativa con el
género como un hecho. Tenemos
entonces lo privado-familiar-doméstico-femenino-pasivo-inferior vs. lo
público-social-masculino-activo-superior.
Históricamente
la ley no se ha ocupado del maltrato intrafamiliar “más aún, lo protegió como
parte de la esfera de la vida privada familiar”[2].
Antes de los movimientos feministas y de mujeres maltratadas, que visibilizaron
el fenómeno, la violencia intrafamiliar
se concebía como algo exclusivamente privado que escapa a las facultades del
Estado por su naturaleza doméstica. Aunque la violencia se ejerciera contra a pareja, era algo aceptable pues se concebía como similar a "disciplinar a los hijos". Gracias a la organización y a la
visibilización, la concepción de la violencia de doméstica como un fenómeno
privado está cambiando, y los Estados, garantes de lo público, han comenzado a elaborar
instrumentos jurídicos que regulan la violencia en lo privado.
Es justamente
este tránsito entre lo público y lo privado en donde nos concentraremos. Este
tránsito vence a la violencia. Vence a la violencia porque funge como uno de
los principales desincentivos de la denuncia en casos de violencia doméstica.
El trauma ocasionado por la violencia doméstica suele estar acompañado por la
negación. El violentado anestesia el dolor de la violencia vivida negando la
realidad: “en realidad no me pegó, fueron más bien manotazos”. No se quiere
ligar la violencia vivida a la
vida propia. Pero cuando esta difícil aceptación se logra y una persona se
reconoce dentro de un ciclo de violencia doméstica, viene uno de los obstáculos más grandes en el difícil proceso
de denuncia.
En muchas
ocasiones, los sentimientos de vergüenza y culpa que desincentivan la denuncia
en casos de violencia doméstica no responden a la violencia en sí misma. Es
decir, en algunas ocasiones esa violencia ya esta asumida por el violentado, ya
se acepta la existencia de un problema y, en términos generales, el violentado
ha enfrentado, al menos para sí, el ciclo de violencia en el que se encuentra.
El verdadero obstáculo viene cuando esta violencia, detectada y asumida en lo
personal/privado, transita a lo público. Es esta trasgresión de las barreras de lo
privado y lo público lo que da vergüenza, no la violencia en sí misma. No son los golpes, sino que hayan salido de la casa y se
encuentren en la vía pública, lo que desincentiva la denuncia y reduce a muchas víctimas a permanecer en los ciclos de violencia.
Más aún, ¿cómo
se puede ver este tránsito entre lo público y lo privado y su relación con la
violencia de género y el actuar del estado a la luz de las nuevas tecnologías,
de las redes sociales y del “fin de la privacidad”?
Un problema complejísimo, que sin duda nos hace cuestionarnos sobre la rigidez de nuestros propios límites entre lo que nos es público y lo que nos es privado.
Aunque sea muy triste, muchas personas que crecen en este tipo de violencia, piensan que es normal, un problema muy complejo.
ResponderEliminarPara hablar de algunas cifras:
ResponderEliminar1. cifras oficiales dicen que en México el 46.1% de las mujeres de 15 años
y más sufrió algún incidente de violencia por parte de su pareja; sin embargo, investigadores de la UNAM y la UDG reportan que alcanza a hasta el 80% de los hogares.
2. los estados del país en que se reporta más incidencia son: Edo de México, Nayarit, Sonora, DF y Colima.
3. Dos de cada diez mujeres que vivieron violencia en su relación se acercaron a
una autoridad a pedir ayuda.
Una de las variables que me parece interesante analizar es la influencia de la religión católica en dos sentidos: primero por la la preservación del "sacramento del matrimonio" ante cualquier cosa, incluso ante la violencia; y segundo por las enseñanzas de subordinación de la mujer (no por nada nacimos de la "costilla de adán") a la voluntad del hombre.
Entonces me surge la pregunta creen que ¿entre más libertad religiosa aumenta la denuncia de la violencia? o dicho de otra manera ¿entre menos religiosas son las mujeres menos dispuestas están a validar conductas violentas de parte de sus cónyuges?
CHANTY.
Me pareció muy interesante la forma en que abordó el tema Yosu, pues todos sabemos que estos hechos son vigentes, que es una práctica que ha logrado preservarse de forma generacional (particularmente en el caso mexicano). Mi interés es porque retomó un elemento esencial, que puede resultar obvio para muchos, pero en un contexto donde no se tiene un libre y fácil acceso a la educación, resulta mucho más difícil de entender y asimilar tanto para la víctima como para el victimario, siendo un problema entre otras tantas formas más, de tipo cultural; mismo que tiene soporte y validez en la ignorancia, la educación transmitida en el seno familiar por haberse heredado de un contexto similar o peor al actual, con una comunidad que en muchas ocasiones lo aprueba, teniendo un apoyo indirecto, pero efectivo en el aparato estatal, etc.
ResponderEliminarEl obviar el hecho de que sea un problema cultural no va en razón de ser redundante con la opinión de Yosu, ni mucho menos el pensar descubrir algo nuevo; sino en el sentido de exaltar que existe mucho por hacer, pues basta mencionar que algunas víctimas de éste tipo de violencia, la inculcan a sus hijos, legitimando y preservando así las ya mencionadas.
En cuanto a lo que decía Chanty, coincido en que la religión juega un papel decisivo en este problema, pero no es una práctica exclusiva del catolicismo, de manera que la libertad religiosa no sería el motor para erradicarlo. Creo que está más ligado a los roles que mencionaba Yosu en la sociedad, como ejemplo la constante asociación de la mujer con la abnegación y pasividad, que a veces se asumen tanto, que la mujer llega a creerse incapaz de salir de situaciones como la expuesta, oportunidad de la que la religión con su doctrina se sigue apoyando.
Ángel
Cuando yo leì el artìculo me acordé de algo que encontré navegando por la red, buscando un tema de seguridad...jajaja, es una página cristiana super pirada en donde dan técnicas para disciplinar a la esposa (cosas absurdas como de que manera pegarle para que no cause un daño permanente y no sea visible por el público), con testimonios y todo de esposas que creían que era la mejor forma de educar. Estas formas de concebir a la mujer como menor de edad siguen vigentes en muchos sentidos y me recuerdan a algo que decìa Simon de Beauvior sobre como la mujer, a toda edad es considerada como menor de edad, primero como hija, luego como esposa y despuès como madre (que depende de los hijos), menor de edad perpetua, y en ese tiempo sobretodo porque no era sujeto de heredar o tener un sustento propio. El link de abajo es el de la pàgina cristiana
ResponderEliminarhttp://www.christiandomesticdiscipline.com/how_to_discipline.html
Mi primer comentario sobre el texto es con relación a “lo público” y “lo privado”. ¿Todavía podemos hablar de una lógica binaria y excluyente? ¿Aún son categorías útiles para comprender y explicar nuestra realidad actual? ¿Podemos mantener una dicotomía con conceptos tan tajantes como “privado-familiar-doméstico-femenino-pasivo-inferior” o “público-social-masculino-activo”? ¿Hasta dónde llega lo “público” en la actualidad?
ResponderEliminarEl segundo comentario es en torno a la frase “el tránsito entre lo público y lo privado vence a la violencia”. ¿Llevar el tema a la esfera pública realmente sirve para vencer a la violencia intrafamiliar? El Estado, efectivamente, ya regula y castiga este tipo de violencia y existe una condena social generalizada ante este tipo de delitos. ¿Realmente esto ha cambiado la dinámica de este fenómeno? Las víctimas tienen las posibilidades de denunciarlos y hay una cantidad enorme de programas federales, locales y OSC que las apoyan en estos procesos. Por lo tanto, ¿por qué no denuncian? Se puede argumentar que no lo hacen porque desconfían de la eficacia de las autoridades o por “vergüenza”, sin embargo, muy probablemente en muchos casos no lo hacen por cuestiones “públicas”, sino por fenómenos que pertenecen más a la esfera “privada” (así fueron educad@, tienen miedo, resignación, no tienen más opción, etc.). Esto, por supuesto, abre el debate ¿el Estado o “lo público” debe imponerse sobre lo “privado”? ¿Debe invadir la esfera doméstica? ¿Hasta qué punto el Estado puede y debe meterse en los hogares y determinar el comportamiento de “lo privado”? ¿Es suficiente con ofrecer un marco regulatorio en la esfera pública y tratar de concientizar a la población al respecto? ¿Debe hacer más? ¿Qué tanto más?
Finalmente, enfatizo en la afirmación que señala que la transgresión de lo barreras entre lo público y lo privado genera “vergüenza” entre las víctimas y las orilla a mantenerse en el círculo de violencia. Esto, considero, depende del entorno y de qué consideramos parte de la esfera “pública”. La esfera pública no abarca exclusivamente el Estado, sino también a las relaciones sociales fuera del ámbito exclusivamente doméstico o familiar. En un entorno de violencia generalizada y dónde el Estado tiene un papel mínimo, la violencia intrafamiliar puede no ser condenable ni en la esfera privada, ni en la pública. Por lo tanto, que el asunto salga a la esfera “pública” no necesariamente genera reacción alguna. Tomando eso en cuenta ¿cuándo genera vergüenza? ¿La vergüenza no podría actuar a la inversa, como una especie de catalizador para que la víctima reaccione? ¿Qué tan nocivo es generar vergüenza entre las víctimas como una manera de hacerlas reflexionar sobre su situación? ¿Es preferible que se mantenga en la esfera privada sin enfrentarse a la posible vergüenza de una condena social?