¿La monarquía tan
vigente como antes?
Por: Ángel Hamilton
Imagen
tomada de BBC Mundo
En días recientes, la monarquía (principalmente la británica) ha sido
objeto del escrutinio del mundo entero. La noticia del nuevo heredero de la
corona británica ha acaparado la atención de los medios, al grado de disputarse
los encabezados con sucesos tan destacados como el del asilo al exconsultor de la CIA, la visita del
nuevo Papa a Brasil, los trágicos accidentes en España y demás notas que han
conmocionado al mundo.
La atención que se le ha dado en los medios habituales de comunicación,
va en sintonía con la relevancia que siempre le han concedido; lo que vale la pena
destacar, es la popularidad que han cobrado en las redes sociales,
particularmente en Twitter, donde en muchas ocasiones se han convertido en trending topic. Si bien puede afirmarse
que siendo los nuevos canales de difusión de contenido, no debería extrañar a
nadie, no puede pasar inadvertida la vigencia de la monarquía en nuestros días.
La monarquía es un tema que siempre tiende a generar polémica,
pareciera que siempre se tiene algo nuevo que decir de lo que han hecho o
dejado de hacer, y entre estos juicios de valor es inevitable la mención o crítica
a su existencia. Desde luego que se pueden hallar partidarios por ambos sentidos y contrario a lo que pudiera pensarse, existe una gran cantidad de personas que los
respaldan. De esta última afirmación, es de la que parto para presentar una
breve reflexión de lo que sigue sosteniendo la corona, desde los
tempranos años del imperio hasta nuestros días.
Si bien puede resultar para algunos un tema más de morbo que merecedor
de un riguroso análisis, es preciso recordar que aún cuando sus funciones y
capacidades han sido mermadas, dejando del lado lo que en un tiempo fue la
"monarquía absoluta", siguen teniendo un importante, decisivo y
decisorio papel en el devenir político nacional respectivamente, pero
trascienden fronteras hasta el plano de la política internacional; basta con recordar
las fricciones que se presentaron entre el rey Juan Carlos de España y el
ex-presidente venezolano Hugo Chávez.
La monarquía ha experimentado numerosos cambios a lo largo de los años,
atendiendo a un escenario político, económico, social y cultural en constante
movimiento; nuevamente contemplado en los dos escenarios (nacional e
internacional). Son resultado inmanente de éstos y se han convertido es garantes
de la pervivencia de la corona hasta nuestra época, es decir, constituye
elementos trascendentales para su existencia. De no haberse presentado, es muy
probable que hoy en día las "casas reales" fueran historia y se evocaran aquellos protocolos más como
una remembranza de las antiguas formas de gobierno, que como un mención reciente
de alguna corona.
Los cambios acaecidos han generado una suerte de dicotomía, yendo en
perjuicio de la estructura previa, y en beneficio al mantener la monarquía. Sus
funciones ahora como jefes de Estado y no igual de gobierno, son ejemplos
sustanciales del cambio de paradigma que ha habido en el ordenamiento político
internacional. Sus funciones siguen siendo considerables si se enfatiza en que
hablamos de una estructura creada siglos
atrás, no obstante, una de las principales es mantenerse como representantes o ser elementos identitarios. Las monarquías han cobrado mayor valor como elementos
culturales que políticos, han pasado a ser referentes obligados de ciertos
países, y sus escándalos los han mantenido en el dominio popular; citando
vagamente las cuantiosas críticas que se presentaron por los pasatiempos (en
especial la cacería) de la monarquía española.
Para pensar en lo que han tenido que atravesar para asegurar su
posición de confort y aún más su
existencia, no tenemos más que remitirnos a la numerosas críticas y el severo escrutinio
que se hace de sus labores e incluso vida privada. Dicho análisis hubiera sido
impensable siglos atrás, posiblemente hasta penado con la muerte, no obstante, hoy se les enjuicia, critica, condena, obliga a pagar impuestos, por mencionar
algunos. Empero, se les sigue viendo con respeto, culto y hasta cierto grado de
superioridad; pero ya ha habido otro cambio significativo, resulta ser la
accesibilidad, pues ya han dejado de ser una estructura infranqueable.
La afirmación del párrafo anterior va encaminada a precisar la
permeabilidad actual de estas estructuras, "el sueño de ser princesa o príncipe,
ya está al alcance de ser descubierto" (lease con la debida ironía). Lo anterior ha podido comprobarse
en más de una ocasión, con casos tan sonados como el de Leticia en España,
Máxima (argentina de nacimiento) en Países Bajos, Diana y Kate en Gran Bretaña.
El hacer referencia a esta penetrabilidad, tiene por objetivo referir que ser
de la realeza "ha dejado de ser
designio divino" (como se llegó a pensar, y hasta cierto punto), lo que permite una identificación
con el entonces soberano, y un origen que bien puede sustentarse en el imaginario
público, como tener más cosas en común. La dualidad en la mayoría de los casos
se ha traducido en legitimidad.
Es así que llegamos al punto de mencionar el por qué de su existencia
en pleno Siglo XXI, pues a pesar de todos los problemas, no existe como tal una predicción a corto plazo de la disolución de alguna de las casas reales;
por el contrario, parece estar recobrando fuerza y acendrándose para algunas. Igualmente
importante es decir que siempre han contado con altos índices de popularidad; para el caso británico "[...]menos del 20% de los subditos británicos de
la reina, quieren deshacerse de la familia real, una proporción que no ha
cambiado con el paso de las décadas"[1].
De acuerdo a las encuestas de opinión de Ipsos Mori, el apoyo de los británicos
para instaurar una república era del 18% en 1969, mismo porcentaje que arrojó
en 2011; dicho en palabras de la encuestadora "la tendencia más estable
que hemos tenido jamás". Desde luego cada caso es diferente del otro, pero
puede ilustrarse también con el apoyo que cobró la corona española luego del
golpe de Estado.
Con lo dicho no pretendo afirmar que no existe descontento alguno con
las monarquías, desde luego que hay grupos críticos[2]
como los punks británicos, ahora, otros originados y acrecentados (particularmente
en España) por la agravada crisis en la que Europa se encuentra inmersa. Sin
embargo, basta hablar con más de una persona nativa, tener la oportunidad de visitar
alguno de las propiedades reales para darse cuenta que en la fila te encuentras
aún más originarios del lugar u observar sus eventos multitudinarios.
A manera de conclusión, puedo decir que la monarquía sigue viva por
muchos factores, entre los que destaco: su pragmatismo (la más importante a mi
juicio), percepción generalizada del pueblo como elementos culturales
(reliquias conservadas de un pasado compartido), haberse convertido en
referentes obligados en un plano internacional, un discreto (en comparación
con sus antepasados, y no siempre) reinado, su participación en diversas
actividades, un aumento de la transparencia y la pérdida constante del halo de
divinidad (que por contradictorio que suene, lo considero vital para su
existencia).
[1] Mark
Easton de BBC Mundo, Por qué los
británicos aman a la monarquía. Dirección URL: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/06/120604_jubileo_reina_isabel_por_que_aman_monarquia_med.shtml,
martes 5 de junio de 2012.
[2] Confer. BBC Mundo, Los punks británicos, tan críticos del jubileo hoy como antes. Dirección
URL: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/06/120529_jubileo_punks77_lp.shtml,
sábado 2 de junio de 2012.

Me parece muy interesante la reflexión de Hamilton. Yo soy una de esas personas que, a pesar de entender el peso histórico y político de las monarquías, considero que son una forma de gobierno por decirlo de alguna manera "outdated"; es posible que se debe a que no siento identidad con alguna y a que he sido testigo de sus constantes derroches.
ResponderEliminarLos argumentos son convincentes y como lo sugiere el texto, creo que las monarquías del S.XXI deberán luchar por encontrar legitimidad y vigencia no en el pasado y la tradición, sino en su utilidad actual. Una "renovada legitimidad" deberá alcanzarse con más transparencia, adaptabilidad al cambio y auto- moderación.
Chanty.
Es interesante observar los proceso de continuidad y cambio que sufren los sistemas políticos a nivel internacional. Hay que entender que estos procesos se dan a la par de los cambios en el sistema internacional, en este sentido, no es de sorprenderse que la figura de la Monarquía tenga aún cabida en el siglo XXI. Por muy difícil que nos parezca en México (pues a pesar de dos intentos, nunca se llegó a instaurar satisfactoriamente la monarquía en el país), debemos entender que existen países en los que en su imaginario colectivo, este sistema político tiene no sólo vigencia, sino también pertinencia. El caso de Gran Bretaña es paradigmático en este sentido y no se diga de su pequeño retoño: Canadá. La influencia de la "realeza" en la toma de decisiones no sólo a nivel interno, sino en el plano internacional es de un gran peso.
ResponderEliminarSeria interesante realizar un análisis de los líderes en algunos países que rebasan el rol de mero funcionario público y que se les atribuye otro tipo de prerrogativas debido a su naturaleza propia, en este caso, no sólo sería destacable el papel de la realeza en las monarquías, sino también de los ayatolas y varios líderes religiosos en Medio Oriente.
No cabe duda que el mundo se observa distinto dependiendo del lugar desde donde uno lo mire...