miércoles, 11 de septiembre de 2013

La crisis de liderazgos en el sistema internacional


Por Gustavo Nieto Idiaques

Históricamente, los líderes han jugado un papel muy importante en las relaciones internacionales, pues han sido los protagonistas de los grandes cambios a nivel global, imponiéndose como actores relevantes del escenario internacional y modificando las agendas de acuerdo a sus intereses o a los de sus Estados (en el mejor de los casos).
En este sentido, debemos primero señalar qué es un líder, pues el concepto ha sido utilizado por diversos autores para denominar a los protagonistas (en su mayoría jefes de Estado) de las relaciones internacionales. El concepto de “líder” en su connotación más básica puede referirse a aquella persona que reúne las cualidades naturales o adquiridas con la capacidad de influir en cierto grupo de individuos bajo su mando. Sin embargo, para el presente análisis, observaremos a los líderes en su calidad de tomadores de decisiones de las políticas públicas de los Estados, dejando de lado a los denominados líderes de opinión, religiosos, empresariales, etc.
De este modo, se propone retomar el concepto de líder, en el sentido estricto de su contenido teórico-metodológico de la disciplina de Relaciones Internacionales, es decir, aquél individuo que posee o debería poseer las características ideales del político, el diplomático y el estadista.
A partir de esta precisión, debemos señalar que el “político ideal” debe ser precisamente aquél que señaló el antiguo filósofo griego Aristóteles, el zoon politikon o animal político, es decir, aquél individuo con la capacidad natural de relacionarse políticamente.
Asimismo, debemos retomar el concepto del “diplomático ideal” en el sentido que explica Harold Nicolson en su obra La Diplomacia, pues para él “La base de una buena negociación es la influencia moral y esa influencia se funda, a su vez, sobre siete virtudes diplomáticas específicas, a saber:
1) Veracidad. 2) Precisión. 3) Calma. 4) Buen carácter. 5) Paciencia. 6) Modestia. 7) Lealtad.”[1]
          Finalmente, para entender al “hombre de Estado ideal”, debemos rescatar la idea de Durosell, quien nos dice que “El estadista por excelencia es aquel que […] sabe detenerse, es decir, pasar de una estrategia ofensiva a una defensiva, cuando sabe que ha logrado sus objetivos.”[2]
      Teniendo en cuenta las características anteriormente descritas, debemos entender entonces que el líder, será el individuo que siendo poseedor de estos aspectos, tenga la capacidad de incidir en las políticas públicas de los Estados y con un gran índice de consenso (o por la fuerza) modificar en cierto nivel el statu quo del sistema internacional.
En la actualidad, podemos observar una evidente ausencia de verdaderos líderes en el sistema internacional. Esto desde mi perspectiva puede ser explicado por tres razones principales. En primer lugar, debido al efecto homogeneizador de las sociedades que se ha devenido como consecuencia de la globalización, pues ante la ola de desafíos que se presenta a diario en el sistema internacional, ya no existen soluciones “innovadoras” frente a los problemas por parte de los líderes, pues los intereses involucrados ya no son exclusivos de un solo Estado sino que inclusive rebasan fronteras, por lo que se opta por realizar soluciones conjuntas en las que se reparte el costo político entre los demás jefes de Estado.[3]
La segunda razón, la podría atribuir a las características propias del modelo neoliberal que se ha propagado por todo el mundo, pues bajo este esquema, los primeros escaños de los tomadores de decisiones han sido ocupados en su mayoría por tecnócratas, los cuales toman decisiones con base en criterios de eficiencia y cálculos y dejando de lado el factor social y político.
Una última razón que podría señalar a la falta de liderazgo internacional, es la alta expectativa creada en los ciudadanos de los Estados como consecuencia del marketing político utilizado para adquirir los puestos de algún cargo público. Haciendo una analogía de esta premisa: a mayor expectativa, mayor es la decepción; por lo que los ciudadanos sienten que no están representados efectivamente y piensan que no existe nadie que “llene” el traje de líder para enfrentar los grandes problemas del acontecer internacional.
 “A partir de este planteamiento, podemos decir que existe un cambio en la concepción del estadista u hombre de Estado, que para la disciplina de Relaciones Internacionales es fundamental, pues paradójicamente en la actualidad, los actores internacionales como los estadistas, dejan su función de tomadores de decisiones, para pasar a ser la mera fachada construída a través de publicidad, de acciones o políticas hechas para satisfacer intereses distintos a los del Estado. Es decir, ya no existen hombres de Estado, de quienes nuestra disciplina estudiaba características tales como su personalidad, conducta y carácter, sino que ahora existen políticos estrella que se desenvuelven atenidos a libretos escritos por especialistas en publicidad y marketing político.”[4]
El mundo está a la espera de nuevos líderes que hagan frente a los problemas que azotan el escenario internacional. Las nuevas generaciones de líderes tendrán que enfrentarse a una realidad dinámica, compleja y en la que convergen diversos intereses, por lo que será necesario en primer lugar, tener muy en claro que la lucha por el poder es la característica principal del sistema internacional; en segundo lugar, que el hombre es un animal político y que a la hora de la toma de decisiones, la negociación es una herramienta sumamente útil y finalmente, que las habilidades diplomáticas pueden ser de gran ayuda para conseguir las metas deseadas.


[1] Harold Nicolson. La Diplomacia. México, FCE, 2ª ed., 1975, p. 96.
[2] Jean Baptiste Durosselle “La personalidad del estadista” en Pierre Renouvin y Jean Baptiste Durosselle. Introducción a la historia de las relaciones internacionales, Traduc. Abdiel Macías Arvizu, FCE, México, 2001, p. 306.
[3] Un claro ejemplo, es la búsqueda de apoyo por parte del presidente estadounidense Barack Obama en la reunión del G-20 de este año en San Petersburgo, para tomar la decisión de intervenir en el conflicto en Siria. Otro ejemplo, sería la falta de  un verdadero líder en la Unión Europea que consiga consenso para aplicar las políticas públicas necesarias para apalear la crisis económica en la que se encuentra.
[4] Gustavo Nieto Idiaques. Tesis de licenciatura en Relaciones Internacionales. Aspectos teórico-metodológicos del modelo estadounidense de participación mediática en campañas electorales: una referencia para México. México, UNAM-FCPyS, 2012, pp. 41-42. Véase en: http://132.248.9.195/ptd2013/Presenciales/0690527/Index.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario