Por Jaime Vigna Gómez
La
crisis siria ha llegado a dimensiones catastróficas. La guerra civil ha
arrojado más de 100,000 muertos en dos años. Mientras tanto, la comunidad
internacional sigue sin ponerse de acuerdo sobre lo que debe hacer para detener
esta devastación. Dejando fuera las consideraciones humanitarias, no podemos
negar que los temores de intervenir son fundados: Siria es un polvorín
geopolítico y nadie quiere responsabilizarse de una desestabilización
generalizada que afectaría directamente a Medio Oriente, Europa y el norte de
África, regiones estratégicas para el equilibrio de prácticamente todo el
planeta. Sin embargo, existen muchos otros elementos detrás del “pasmo” generalizado
de la comunidad internacional. En este breve trabajo se buscará brevemente
analizarlos para tratar de comprender lo que está ocurriendo en esta crisis de
enormes dimensiones.
La
guerra civil en Siria tiene sus orígenes en el marco de las movilizaciones de
la llamada “Primavera Árabe”. La agresiva respuesta del régimen ante las
protestas que exigían mayores canales de interlocución y diálogo generó que,
como bola de nieve, fuesen aumentando los enfrentamientos entre el Estado y
algunos sectores de la sociedad civil, hasta llegar a un abierto choque armado.
El continuo avance de los rebeldes y su capacidad para enfrentar al
disciplinado y fuertemente militarizado régimen de Assad sorprendió a propios y
extraños. No obstante, a pesar de sus extraordinarios logros militares
alcanzados durante los primeros meses de la contienda, su avance fue detenido.
Actualmente los rebeldes han sido sistemáticamente relegados a lugares cada vez
menos estratégicos y su control del territorio ha disminuido considerablemente.
A lo
largo del transcurso de conflicto, la crueldad de los métodos utilizados por
ambos bandos para dañar al contrincante ha ido en aumento. Imágenes de un
comandante rebelde alimentándose del corazón de sus víctimas[i]
y los impresionantes relatos y fotografías de las matanzas perpetradas por el
régimen de Assad en contra de su propia población, han generado un fuerte
impacto a nivel global. El pasado 25 de agosto Médicos sin Fronteras denunció la
utilización de armas químicas en Siria[ii]
(aún no queda claro cuál de las partes fue y la ONU no se ha pronunciado al
respecto), lo que incrementó las presiones para realizar una intervención internacional
que detenga esta situación.
Esta
indignación generalizada, sin embargo, no se ha traducido en un consenso
internacional sobre los que se debe hacer en Siria. Dos han sido las principales
posturas que se han conformado a nivel internacional al respecto[iii].
La primera, encabezada por Barack Obama (Estados Unidos), David Cameron (Gran
Bretaña) y Francois Hollande (Francia) promueve la consolidación de un
contingente internacional que detenga las masacres perpetradas por el régimen
de Assad. En esta visión el principal responsable tanto de los ataques contra
la población civil como de la utilización de las armas químicas es Assad, por
lo que el objetivo final sería su derrocamiento. Esta propuesta ha encontrado
fuertes resistencias internas y externas. Ninguno de los tres líderes ha
logrado la aprobación de sus respectivos Congresos y su opinión pública parece reacia
hacia un proyecto cuyos dividendos no son claros y cuyos costos podrían ser muy
elevados. Las enormes dificultades que ha enfrentado el Presidente Obama para
encontrar apoyo entre líderes y opinión pública demuestran que las heridas de la
estrategia de manipulación mediática emprendida por la administración Bush en el
caso Irak y los pésimos resultados de esta intervención siguen abiertas. Este
apoyo no ha sido contundente ni siquiera tras darse a conocer el uso de armas
químicas, el punto que el propio Obama había calificado de “no retorno” para
intervenir en el conflicto[iv].
La
segunda estrategia es la encabezada por el Presidente ruso Vladimir Putin. Rusia
cuenta con el apoyo de China, Irán y otros países cercanos al régimen de Assad.
Los rusos apoyan al régimen de Assad y se oponen a cualquier tipo de intervención
en territorio sirio. En el Consejo de Seguridad se han encargado de vetar todas
las iniciativas al respecto que se han presentado, incapacitando a la
Organización para intervenir en el conflicto. De acuerdo con la posición rusa,
la crisis siria es causa del apoyo que ha otorgado Occidente a la oposición, e
identifica a los rebeldes como los culpables de usar armas químicas contra la
población civil.
En
este enfrentamiento tête-à-tête entre las dos posturas, claramente la
estrategia rusa ha tenido mejores resultados. No sólo ha evitado resoluciones
de Naciones Unidas en contra del régimen y un ataque armado a Siria, sino que,
en las últimas semanas, se ha convertido en el único interlocutor visible y
creíble entre Assad y el resto del mundo. Asimismo, en una movida diplomática
maestra, Rusia utilizó una frase del Secretario de Estado, John Kerry[v],
para comprometer al régimen sirio a entregar sus armas químicas lo cual no sólo
le permitirá a Assad ganar tiempo, sino mostrarse ante el mundo como un actor
abierto a la negociación y el diálogo. Siria, por supuesto, aceptó esta
propuesta.
Por
el contrario, Estados Unidos ha tenido una actuación torpe y floja. Además de
las declaraciones de Kerry, su capacidad de liderazgo se encuentra claramente
cuestionada, evidenciando la “debilidad” que siempre se le ha criticado al Presidente
Obama. A pesar de que el tema es delicado y las heridas de Irak siguen
abiertas, es innegable que Obama ha sido incapaz de generar un mínimo consenso
ante el tema ni dentro, ni fuera de Estados Unidos. Su “punto de no retorno”
fue rebasado sin consecuencias reales y sus discursos amenazando al régimen de
Assad son cada vez menos creíbles. Obama no quiere invadir Siria y seguramente
tiene razones lógicas y poderosas para no hacerlo, sin embargo, su ambigüedad y
su doble discurso ante el tema sí han afectado su imagen, especialmente frente
a la claridad y congruencia que desde el principio han mantenido los rusos.
Si la
coalición Rusia-Siria sigue ganando tiempo, probablemente el ataque se
prolongará indefinidamente o será de reducidas y focalizadas dimensiones
(semejante al caso de Kosovo). Mientras
tanto la tragedia humanitaria sigue y las cifras de muertos, heridos y
desaparecidos aumentan a cada minuto. Los cuestionamientos que ha abierto la
crisis son múltiples ¿cuál es el objetivo de tener instancias abocadas a la
preservación de la paz, como la ONU o la OTAN, si son incapaces de defenderla
en momentos de crisis? ¿Ganará el orgullo o el pragmatismo estadounidense en la
decisión de intervenir en Siria? ¿Dónde está la Unión Europea en este proceso?
¿Estamos frente a una era de Post Guerra Fría o sólo ante una Rusia que parece
haber olvidado que ya no es súper potencia? ¿Qué pasará una vez que Assad deje
el poder? ¿Hasta cuántas muertes se tiene que llegar para que una intervención
sea “legítima”?... Las respuestas, hasta
el momento, siguen en el aire…
[i] “Syrian ‘heart-eating’ rebel commander explains his actions”, BBC News, 5 de julio de 2013.
[ii] “Medecins sans Frontieres confirms 355deaths due to nerve-gas like
symptoms”, RTE News, 25 de agosto de
2013.
[iii] Un excelente análisis sobre las
posturas adoptadas por los diferentes actores internacionales en la primera
fase del conflicto armado puede encontrarse en Marta Tawil, “La política
exterior de Siria en el marco de la sublevación popular”, Foro Internacional, vol. LII, núm 2(208), abril-junio, 2008.
[iv] Glenn Kessler, “President Obama and the ‘red line’ on Syria’s
chemical weapons”, The Washington Post,
6 de septiembre de 2012.
[v] Deb Riechmann, “John Kerry: Syria Crisis Could be Resolved if Bashar
Assad Handed Over Chemical Weapons Stock”, The
Huffington Post, 9 de septiembre de 2013.


Amigo muchas gracias por tu artículo, como siempre muy bueno!
ResponderEliminarEvidentemente nos encontramos ante una crisis aterradora que necesita con urgencia llegar a su fin y dejar de atentar contra la vida de miles de inocentes. Sin embargo, estamos a la expectativa de cómo se llegará a su fin sin un consenso en los Organizamos Internacionales (supuestamente creados para logran soluciones pacíficas), siendo que las dos posturas (típicas de la Guerra Fría) están lejos de llegar a un acuerdo, sin dejar de lado cuatro grandes razones por las que Rusia quiere proteger Al-Assad: 1. Rusia tiene una instalación naval en Siria, de una gran importancia estratégica. Se trata de la última base militar extranjera de Rusia fuera de la exUnión Soviética. 2. Rusia aún conserva un poco de la mentalidad de la Guerra Fría con un ápice de inseguridad nacional, lo cual ocasiona que le importe mucho el mantener una de sus últimas alianzas militares. 3. Rusia también odia la idea de “intervención internacional” contra países como Siria, ya que lo ve como la muestra de un imperialismo occidental al estilo de la Guerra Fría y, finalmente, una amenaza para el país. 4. Siria compra una gran cantidad de exportaciones militares rusas, y éste país necesita ese dinero. (El Economista)