POLÍTICA INTERNACIONAL ZOMBIE
Los monstruos, al igual que otras creaciones del ingenio popular, son
íconos que ayudan a escudriñar a la sociedad que les dio cabida. Sólo
así puede entenderse la construcción de Drácula y las figuras
vampíricas, oscuras, góticas, con una sexualidad sugerente en una época
en la que la sexualidad era un tabú y el estilo gótico dominaba. El
monstruo que nos ocupa actualmente, también refleja a la sociedad de la
que se retroalimenta. Si bien, la figura de los “zombis”, muertos
vivientes y demás denominaciones no es nada parecido a la novedad, y de
hecho tiene un origen bastante diverso y remoto (la doctora María
Cristina Rosas en su artículo; “Los zombis y la otredad” habla de que se
pueden rastrear orígenes de su existencia en mitos de la cultura
mesopotámica, la cultura vudú también tiene sus propias historias al
respecto), sí lo son ciertas características compartidas e
interpretaciones que se hacen de estos engendros.
George
A. Romero, es, en palabras de algunos expertos en cine (les recomiendo
escuchar un programa del 90.9 el viernes a las 11) el padre del
entendimiento zombie actual, éste director, a través de sus múltiples
películas hace una representación que se ha convertido en la versión más
convencional del muerto viviente como lo conocemos; su andar lento y
cansino, los gemidos, un nacimiento polémico en que los humanos tienen
la mayor responsabilidad. A lo largo de sus películas se fue delineando
una crítica social que en su principio fue incidental y posteriormente
dirigida. Dicha crítica se dirige hacia una sociedad consumista,
proclive al conflicto en medio del conflicto. Para ilustrar la situación
mencionaré una de los ejemplos más usados; una de sus películas
transcurre en un centro comercial y los muertos vivientes, sin saber por
qué, se arrastran para regresar a éste como un reflejo de su vida
pasada.
Llegado
a este punto de la lectura, para alguien será extraño encontrar este
artículo “colado” en un blog de temas de política internacional, sin
embargo, a mi defensa diré que es un preámbulo al análisis de otra
historia, que aunque también esté relacionada con los monstruos que he
estado comentando, se constituye como un relato interesante de la
política internacional visto a través de un cataclismo zombie. El libro
no será el más celebrado por publicaciones literarias serias, y por
supuesto tampoco de la academia y “amos y maestros de temas
internacionales” (ustedes saben quienes son), pero es un experimento
divertido, un “What if…” de la guerra, aplicado a los muertos vivientes.
Hace unas pocas semanas se estrenó la película que surge a partir del
libro, “La Guerra Mundial Z”. Debo decir que la película es una mera
inspiración del libro, ya que se le da protagonismo (a través de Brad
Pitt), a un hombre que en la versión original (el libro) es tan sólo el
narrador subyacente, (encargado de recopilar historias alrededor del
mundo sobre esta nueva guerra pero sin una intervención sobresaliente).
Además, se crea una narración paralela muy atractiva para la versión
cinematográfica, pero que deja de lado los planteamientos más
interesantes de la historia, para alguien pendiente de la política
internacional.
Temas
como la migración y la porosidad y aseguramiento de fronteras, el
mercado negro de los transplantes, aparición en las historias de figuras
políticas reconocidas mundialmente relacionadas con episodios
importantes de la “nueva guerra” (Mandela, la Reina de Inglaterra), la
reconstrucción de la economía de posguerra, los problemas de salud y
mentales derivados de la guerra, la insuficiencia de la tecnología
militar y su incapacidad de adaptarse a métodos alternos de uso,
problemas sociales como los niños salvajes, (huérfanos que crecieron sin
aprender las habilidades sociales más básicas), la negligencia de los
decision makers, el oportunismo empresarial, la visión de la infección
zombie desde diversas culturas (japonesa, china, israelí, cubana,
sudafricana, estadounidense, entre muchas otras) y sus formas de
adaptarse y luchar contra ella a través de sus propios mitos y
conocimientos, la indiferencia social, las estrategias militares, la
tensión entre lo militar y lo civil, el regreso de la preeminencia de
las actividades laborales de “escaza profesionalización” sobre
actividades laborales terciarias, las luchas, el resurgimiento de
nacionalismos, los separatismos. En fin, el mundo a la luz del
cataclismo zombie con todos los aspectos posibles a considerar, a través
de una narración cosmopolita estructurada en relatos de diversos
sobrevivientes, por lo tanto, el regreso a la historia oral para narrar
la política internacional.