miércoles, 24 de julio de 2013

Protestas en Brasil


Las protestas que se han generado en Brasil los últimos meses son el símbolo latente de la inconformidad que con el tiempo se ha acrecentado por las condiciones en las que vive la sociedad. En un primer momento las protestas fueron incentivadas por la subida del precio del transporte (de 3,00 reales a 3,20 reales y la conversión en pesos es de $16.86 a $17.98), por la Copa Confederaciones, entre otras que simplemente fueron la gota de agua que derramó toda la insatisfacción que hay entre la población.

La discrepancia del pueblo ante los eventos que se llevarán a cabo en su país, el mundial y las olimpiadas, no se debe de entender como una situación relacionada con los eventos en sí, sino como un desconcierto directamente hacia un gobierno que lejos de aumentar la inversión para el progreso de la población que vive en pobreza, derrocha grandes cantidades de dinero en actividades que buscan un reconocimiento mayor al exterior.

La esfera de poder político demuestra poco interés en la solución de los problemas sociales para el logro de un desarrollo en el bienestar de todo el país dado que las redes de la corrupción en todos los niveles de la política toman un papel primordial. A pesar de que muchos son los impuestos que se les adhieren a los productos, bienes y servicios, escasos son los resultados que de ellos deberían derivar para la inversión en una mejor calidad de vida.

Ante este contexto es en que las personas quieren hacerse escuchar para poder poner un alto a la inseguridad en las calles, la corrupción inherente al gobierno y funcionarios, las deplorables condiciones en el sector salud, la falta de condiciones para el aumento de la educación, los precios tan elevados por los múltiples impuestos, el aumento del desempleo (presentando en el primer semestre del 2013 una tasa elevada y que desde hace 11 años no se mostraba así) entre otros.

Ahora tendremos que seguir dándoles seguimiento a las manifestaciones y darnos cuenta si además de ir creando mayor conciencia social, también son un punto de lanza para que el gobierno tome cartas en el asunto ante los descontentos sociales en lugar de sólo reprimirlos.

lunes, 22 de julio de 2013

POLÍTICA INTERNACIONAL ZOMBIE

POLÍTICA INTERNACIONAL ZOMBIE

  Los monstruos, al igual que otras creaciones del ingenio popular, son íconos que ayudan a escudriñar a la sociedad que les dio cabida. Sólo así puede entenderse la construcción de Drácula y las figuras vampíricas, oscuras, góticas, con una sexualidad sugerente en una época en la que la sexualidad era un tabú y el estilo gótico dominaba. El monstruo que nos ocupa actualmente, también refleja a la sociedad de la que se retroalimenta. Si bien, la figura de los “zombis”, muertos vivientes y demás denominaciones no es nada parecido a la novedad, y de hecho tiene un origen bastante diverso y remoto (la doctora María Cristina Rosas en su artículo; “Los zombis y la otredad” habla de que se pueden rastrear orígenes de su existencia en mitos de la cultura mesopotámica, la cultura vudú también tiene sus propias historias al respecto), sí lo son ciertas características compartidas e interpretaciones que se hacen de estos engendros. 

George A. Romero, es, en palabras de algunos expertos en cine (les recomiendo escuchar un programa del 90.9 el viernes a las 11) el padre del entendimiento zombie actual, éste director, a través de sus múltiples películas hace una representación que se ha convertido en la versión más convencional del muerto viviente como lo conocemos; su andar lento y cansino, los gemidos, un nacimiento polémico en que los humanos tienen la mayor responsabilidad. A lo largo de sus películas se fue delineando una crítica social que en su principio fue incidental y posteriormente dirigida. Dicha crítica se dirige hacia una sociedad consumista, proclive al conflicto en medio del conflicto. Para ilustrar la situación mencionaré una de los ejemplos más usados; una de sus películas transcurre en un centro comercial y los muertos vivientes, sin saber por qué, se arrastran para regresar a éste como un reflejo de su vida pasada. 

Llegado a este punto de la lectura, para alguien será extraño encontrar este artículo “colado” en un blog de temas de política internacional, sin embargo, a mi defensa diré que es un preámbulo al análisis de otra historia, que aunque también esté relacionada con los monstruos que he estado comentando, se constituye como un relato interesante de la política internacional visto a través de un cataclismo zombie. El libro no será el más celebrado por publicaciones literarias serias, y por supuesto tampoco de la academia y “amos y maestros de temas internacionales” (ustedes saben quienes son), pero es un experimento divertido, un “What if…” de la guerra, aplicado a los muertos vivientes. Hace unas pocas semanas se estrenó la película que surge a partir del libro, “La Guerra Mundial Z”. Debo decir que la película es una mera inspiración del libro, ya que se le da protagonismo (a través de Brad Pitt), a un hombre que en la versión original (el libro) es tan sólo el narrador subyacente, (encargado de recopilar historias alrededor del mundo sobre esta nueva guerra pero sin una intervención sobresaliente). Además, se crea una narración paralela muy atractiva para la versión cinematográfica, pero que deja de lado los planteamientos más interesantes de la historia, para alguien pendiente de la política internacional. 

 Temas como la migración y la porosidad y aseguramiento de fronteras, el mercado negro de los transplantes, aparición en las historias de figuras políticas reconocidas mundialmente relacionadas con episodios importantes de la “nueva guerra” (Mandela, la Reina de Inglaterra), la reconstrucción de la economía de posguerra, los problemas de salud y mentales derivados de la guerra, la insuficiencia de la tecnología militar y su incapacidad de adaptarse a métodos alternos de uso, problemas sociales como los niños salvajes, (huérfanos que crecieron sin aprender las habilidades sociales más básicas), la negligencia de los decision makers, el oportunismo empresarial, la visión de la infección zombie desde diversas culturas (japonesa, china, israelí, cubana, sudafricana, estadounidense, entre muchas otras) y sus formas de adaptarse y luchar contra ella a través de sus propios mitos y conocimientos, la indiferencia social, las estrategias militares, la tensión entre lo militar y lo civil, el regreso de la preeminencia de las actividades laborales de “escaza profesionalización” sobre actividades laborales terciarias, las luchas, el resurgimiento de nacionalismos, los separatismos. En fin, el mundo a la luz del cataclismo zombie con todos los aspectos posibles a considerar, a través de una narración cosmopolita estructurada en relatos de diversos sobrevivientes, por lo tanto, el regreso a la historia oral para narrar la política internacional.
Recomendación de lectura: "La suerte de la Consorte" de Sarah Sefchovich

La Suerte de la Consorte es (en mi opinión) un libro que debe leer todo aquél interesado en la vida política nacional.  Este libro, ofrece un acercamiento a la vida de las esposas de los gobernantes en México, revisando desde las virreinas en tiempos de la Colonia, hasta las primeras damas de los presidentes panistas. Lo interesante de esta obra, es que no se ahonda meramente en la vida privada de las esposas, sino que, se hace un análisis del papel que desempeñan como primeras damas y la influencia que han tenido (o no) en la vida pública del país, al mismo tiempo se observan las tendencias políticas, la moda, las novedades tecnológicas, así como el acontecer político-social del país, el pensamiento social, las costumbres y cosmovisión de las distintas épocas analizadas.

Otro de los punto a resaltar, es que conoces un poco más de los chismes diplomáticos y cosas sobre la vida privada de los políticos. ¿Sabían que Carranza robó al embajador de España un reloj en una reunión de Estado? ¿ que la primera dama en el sexenio de López Portillo en realidad no era su esposa pues cuando asumió el cargo ya estaban divorciados y sólo se juntaron de nuevo para aparentar ser una familia "normal"? Todo este tipo de curiosidades y más, las podemos encontrar a través de las páginas de esta gran obra.

La autora describe asimismo, la influencia que algunas de las primeras damas llegaron a tener sobre sus maridos y por ende, en el acontecer nacional, destacando el notable caso de Marta Sahagún de Fox, la cual no sólo aprovecho su posición para distintos beneficios personales (como comprar sábanas de 30 mil pesos o joyas y ropa de diseñador excesivamente costosos), sino incluso, creando su propia asociación civil (Vamos México) en la que, aprovechando sus influencias, recibía grandes sumas de dinero por parte de políticos y empresarios a cambio de fungir como enlace para favores políticos con su marido.

Si no tienen aún pensado el próximo libro que leer para sus noches de insomnio, les aseguro que esta obra es una muy buena opción!



domingo, 21 de julio de 2013

El tránsito de la esfera privada a la pública y el acceso de las víctimas de maltrato intrafamiliar al sistema de justicia

Por Yosu Ferré

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.”
Mahatma Gandhi.

El tránsito de la esfera privada a la pública y el acceso de las víctimas de maltrato intrafamiliar al sistema de justicia.

Una de las características que diferencian al maltrato intrafamiliar de otros delitos es su denuncia. El proceso de denuncia de otros actos ilegales -como un robo o un asalto- suele ser inmediato, ocurre justo después del hecho. La denuncia de la violencia intrafamiliar, por su especificidad, es un proceso no lineal y más bien tardado. Existen varios factores que retrasan y/o desincentivan la denuncia de esta violencia, como pueden ser; la normalización de la violencia, la supuesta “protección de los hijos o hijas”[1], la dependencia económica, la negación y los sentimientos de culpa-vergüenza, entre otros. Son justamente los sentimientos de culpa y vergüenza  y su intrínseca relación con la separación entre lo público y lo privado el motivo de este esfuerzo.

No nos adentraremos en escudriñar la naturaleza de la res pública, ni del pater familias, ni del género y la diferencia sexual, partiremos de la división de las esferas de “lo privado” y “lo público” y su relación valorativa con el género como un hecho.  Tenemos entonces lo privado-familiar-doméstico-femenino-pasivo-inferior vs. lo público-social-masculino-activo-superior.

Históricamente la ley no se ha ocupado del maltrato intrafamiliar “más aún, lo protegió como parte de la esfera de la vida privada familiar”[2]. Antes de los movimientos feministas y de mujeres maltratadas, que visibilizaron el fenómeno,  la violencia intrafamiliar se concebía como algo exclusivamente privado que escapa a las facultades del Estado por su naturaleza doméstica. Aunque la violencia se ejerciera contra a pareja, era algo aceptable pues se concebía como similar a "disciplinar a los hijos". Gracias a la organización y a la visibilización, la concepción de la violencia de doméstica como un fenómeno privado está cambiando, y los Estados, garantes de lo público, han comenzado a elaborar instrumentos jurídicos que regulan la violencia en lo privado.
Es justamente este tránsito entre lo público y lo privado en donde nos concentraremos. Este tránsito vence a la violencia. Vence a la violencia porque funge como uno de los principales desincentivos de la denuncia en casos de violencia doméstica. El trauma ocasionado por la violencia doméstica suele estar acompañado por la negación. El violentado anestesia el dolor de la violencia vivida negando la realidad: “en realidad no me pegó, fueron más bien manotazos”. No se quiere ligar la violencia vivida  a la vida propia. Pero cuando esta difícil aceptación se logra y una persona se reconoce dentro de un ciclo de violencia doméstica,  viene uno de los obstáculos más grandes en el difícil proceso de denuncia.
En muchas ocasiones, los sentimientos de vergüenza y culpa que desincentivan la denuncia en casos de violencia doméstica no responden a la violencia en sí misma. Es decir, en algunas ocasiones esa violencia ya esta asumida por el violentado, ya se acepta la existencia de un problema y, en términos generales, el violentado ha enfrentado, al menos para sí, el ciclo de violencia en el que se encuentra. El verdadero obstáculo viene cuando esta violencia, detectada y asumida en lo personal/privado, transita a lo público. Es esta trasgresión de las barreras de lo privado y lo público lo que da vergüenza, no la violencia en sí misma. No son los golpes, sino que hayan salido de la casa y se encuentren en la vía pública, lo que desincentiva la denuncia y reduce a muchas víctimas a permanecer en los ciclos de violencia.

Más aún, ¿cómo se puede ver este tránsito entre lo público y lo privado y su relación con la violencia de género y el actuar del estado a la luz de las nuevas tecnologías, de las redes sociales y del “fin de la privacidad”?

Un problema complejísimo, que sin duda nos hace cuestionarnos sobre la rigidez de nuestros propios límites entre lo que nos es público y lo que nos es privado.







[1] Encarna Bodelón, Violencia de Género y las respuestas de los sistemas penales.
[2] Elizabeth Schneider, La violencia de lo privado. Consúltese en:
http://programadederechoalasalud.cide.edu/ADSyR/wp-content/uploads/2012/01/14.-Schneider-y-Estrich.pdf