jueves, 29 de agosto de 2013

La figura del Referéndum y el Plebiscito en Latinoamérica: ¿Necesaria en México?

Por: Danaé Peña

La cultura política democrática de una Nación no sólo se limita a la emisión de un voto en las urnas cada determinado tiempo, sino que comprende la participación de los ciudadanos en partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, manifestaciones, asociaciones colectivas, etc., el sufragio para el elegir representantes no es la única manera en que podemos moldear el destino de un país existen otros mecanismos directos como el referéndum y el plebiscito que hacen que el “gobierno del pueblo” sea  más efectivo.

La RAE define al referéndum como un procedimiento jurídico por el que se someten al voto popular leyes o actos administrativos cuya ratificación por el pueblo se propone y define al plebiscito como consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc.[1]

Entonces por su parte el referéndum se presenta como una propuesta legislativa del Estado para que el electorado lo apruebe o lo rechace y el plebiscito es una consulta sobre una propuesta de gobierno que puede o no generar un marco normativo.

La idea básica de estas figuras es que surgen de la necesidad de que la sociedad esté estrechamente vinculada con las grandes decisiones que se toman en su país, en América Latina esta modalidad de democracia directa se lleva a cabo en algunos países y se implementa de distintas maneras de acuerdo con sus respectivas Constituciones.

Uno de los plebiscitos históricos de latinoamericana  fue el realizado en Chile en 1988, en donde triunfó el "No" sobre el "Sí" para ponerle punto final a la Dictadura de Augusto Pinochet.

Algunos de los países en los que se llevan a cabo los mecanismos de participación ciudadana como el referéndum y el plebiscito están reconocidos en las Leyes Fundamentales de Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay  y Venezuela.

En los artículos en los que se reconocen estas figuras jurídicas también se especifica en que materias no aplica el referéndum, por ejemplo en la Constitución de Paraguay en el Artículo 122, se especifica que las materias que no podrán ser objeto de referéndum son las relaciones internacionales, tratados, convenios o acuerdos internacionales; las expropiaciones y  la defensa nacional.

La  Constitución de Venezuela menciona que no podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes de presupuesto, las que establezcan o modifique impuestos, las de crédito público ni las de amnistía, ni aquellas que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos y las que aprueben tratados internacionales.

Que estas figuras estén reconocidas en las Constituciones no garantiza que se lleven a cabo con frecuencia, por ejemplo en Brasil el plebiscito desde 1993 sólo ha sido utilizado dos veces para resolver asuntos de dimensión nacional.  La primera fue hace dos décadas, cuando los brasileños rechazaron un posible regreso del régimen monárquico abolido en 1889, y la otra en 2005, cuando votaron en contra de prohibir el comercio de armas de fuego.[2]

Por lo contrario en Venezuela durante el mandato del Presidente Chávez fallecido en marzo de este año, algunos de los plebiscitos realizados fueron la formación de una asamblea constituyente y el otro para ratificar la nueva Constitución que propuso esa asamblea; en el año 2004 la oposición convocó a revocar el mandato presidencial y en 2009 se sometió a la ciudadanía la aprobación de una reforma constitucional que posibilitaba la reelección indefinida en los cargos de elección popular.

En México en las últimas Legislaturas han existido diversas iniciativas de ley para implementar este tipo de mecanismos a nivel Constitucional -a nivel estatal y del Distrito Federal si se contempla la participación ciudadana directa a excepción de Campeche, Hidalgo, Nayarit, Nuevo León, Quintana Roo, y Tamaulipas-[3] cabe señalar que la figura de referéndum ya estuvo una vez contemplada en la Constitución durante 10 años, de 1977 a 1987,  regulada en el artículo 73 pero fue derogado.

Desde mi punto de vista este tipo de instituciones son necesarias para la vida pública de un país, sirven para legitimar ciertas decisiones gubernamentales, es importante que se les consulte a los ciudadanos sobre determinadas políticas públicas o modificaciones normativas que van a afectar o beneficiar directamente el porvenir de su país, la ciudadanía bien informada no manipulada puede resolver una decisión o propuesta polémica, como las Reformas Estructurales [4], si en un futuro se logra plasmar el plebiscito o el referéndum en alguno de los artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se deberán tomar en cuenta la experiencia de otros países.

Finalmente, las principales críticas o cuestionamientos que algunos autores hacen a estas figuras son respecto a que si es la ciudadanía directamente la que va a resolver cuestiones de política pública, el rol de quienes han sido electos como sus representantes, pierden su razón de ser y estar. Por otra parte el diálogo, el debate  y la construcción de acuerdos se debilitan, porque un plebiscito se convierte en un juego de suma cero, sin lugar para los matices. De esta manera, la minoría tiene que someterse a lo que decida la mayoría.

También hay que reconocer que muchas veces el uso de mecanismos de democracia directa quizá conlleve a que los ciudadanos generen situaciones de estrés político, por lo tanto todo el andamiaje institucional se moverá hacía una dirección determinada  para que los resultados sean favorables a su causa.




[1] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, 22ª Edición, 2013.
[2] La Nación, Dilma Rousseff propuso celebrar un plebiscito popular para realizar una reforma política, Argentina, Junio 2013, Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1595073-dilma-rousseff-propuso-celebrar-un-plebiscito-popular-para-realizar-una-reforma-politica
[3] Claudia Gamboa Montejano, Democracia directa: Referéndum, Plebiscito, Iniciativa popular, Derecho Comparado, Centro de Documentación, Información y Análisis, Cámara de Diputados, México, 2010, p.32 Disponible en: http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/spi/SPI-ISS-27-07.pdf
[4] A mediados de agosto Cuauhtémoc Cárdenas convocó a un plebiscito para impedir la reforma de los artículos 27 y 28 de la Constitución, asegurando que para maximizar la vida de la industria energética en México no son necesarios cambios constitucionales.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Los mass media como actores de las relaciones internacionales


Por Gustavo Nieto Idiaques

El enfoque teórico sobre la existencia de actores en las relaciones internacionales nos ayuda a utilizar categorías analíticas para describir el comportamiento de la sociedad internacional. Su utilización hace evidente la necesidad de definir las transformaciones que ha tenido el orden internacional durante los últimos años, acrecentando el número y la naturaleza de los actores internacionales.
En el complejo sistema de interacciones en el que se desarrolla la vida internacional el papel de los actores es fundamental, pues la sociedad internacional se define a partir del rol que cada actor desempeña en ella[1]. Como nos expone Alfonso Sánchez Mugica “[…] La explicación del sistema internacional se logra por la existencia de actores y factores […]”[2]. En este sentido, el actor será un elemento novedoso, pues puede observarse como un segmento periférico del poder, sobre todo los mass media por su conversión de poder económico en lo que podríamos denominar poder político.
La evolución de las sociedades modernas ha puesto en duda el papel del Estado como actor, en el cual tenía un protagonismo casi absoluto. Al hacerse evidente, la incapacidad de éste en abarcar todos los sectores de la sociedad y su debilitamiento por el ascenso y protagonismo de nuevos actores en las relaciones internacionales, la figura de los mass media cobra una dimensión política.
            En principio utilizaremos el  término de “actor” refiriéndonos concretamente a rol, status y grupos sociales “El rol se define como la pauta de conducta de cada uno de los individuos de acuerdo al status  que ocupe, que a su vez se define como la posición  que el individuo ocupa en el seno del conglomerado social. Así el “actor” será el individuo poseedor de un rol y un status: ‘Los roles no son la gente, son las partes que se representan en el escenario social’.”[3] Así, el término de actor será poseedor de un carácter mecánico el cual lo limita para transformar el llamado “escenario” internacional.
De este modo se propone retomar un concepto más ad hoc tanto por su contenido teórico-metodológico, como por la realidad que pretendemos analizar, pues en la actualidad no se puede observar a los mass media como meros actores con vocación pasiva, sino que éstos se han configurado como agentes activos en el escenario internacional. Por ello, nos referimos al concepto de sujeto de las relaciones internacionales. A partir de esta precisión, utilizaremos en nuestro análisis los términos “actor” y “sujeto” indistintamente, no sin antes haber hecho esta aclaración.
            En este sentido, debemos reconocer que con la disminución de poder estatal se propició un aumento de actores en un mundo anárquico y cada vez más complejo. Es decir, hubo una multiplicación de intereses y de formas de accionar.
Debemos señalar que, en un primer momento los mass media nacen bajo la denominación de actores de las relaciones internacionales, pues emergen con un rol establecido y acobijados por el actor principal de la escena internacional: el Estado, sin embargo, con la dinámica de la sociedad internacional y con el cambio que produjo la revolución tecnológica y científica a finales de la década de los 70 y principios de los 80, los mass media comenzaron a jugar un papel más importante en la sociedad internacional. Es en este contexto cuando pasan de ser un “actor” con carácter pasivo (mero transmisor de información) a constituirse en un auténtico “sujeto” activo (creador de opinión pública) de las relaciones internacionales.
            En este sentido, podemos decir que los mass media poseen una gran influencia en lo concerniente a las relaciones internacionales pues en la actualidad han adquirido gran relevancia, a partir de su poder económico, político y cultural[4], lo cual les ha permitido desarrollarse en el escenario internacional como un actor de relevancia.
            La relación entre los mass media  y las relaciones internacionales puede observarse a partir de que el “[…] proceso de globalización en el que intervienen decisivamente los procesos tecnológicos, es un aspecto básico de las relaciones internacionales en el mundo actual; vivimos, pues, en un mundo interdependiente.”[5]
            Con el desarrollo de sus actividades, los mass media inciden notoriamente en las sociedades civiles de cada Estado a través de los efectos sociales que derivan de un mayor poder económico y político. Los medios masivos configuran nuestra percepción de la realidad y nos muestran una visión que puede o no ser la real. A causa de ello poco a poco los medios de comunicación se han convertido en actores activos de las relaciones internacionales, esto se ve reflejado en las opiniones y presiones que generan ciertos medios de comunicación importantes canalizando las opiniones de sus audiencias.
            Los mass media asumen un rol cada vez más predominante en el escenario internacional, pues juegan un papel muy activo en la política internacional, ayudando a dar prioridad a ciertos temas en las negociaciones de la agenda global, ello ha dado lugar a agendas bilaterales y multilaterales cada vez más complejas, evidenciando que los problemas actuales ya no son exclusivos de una unidad o un solo sistema.




[1] Para indagar más sobre este tema consultar Marcel Merle. Sociología de las relaciones internacionales. Alianza Editorial, España, 1997, p.  473.
[2] Alfonso Sánchez  Mugica. “El teatro sin autor. La actualidad de la perspectiva teórica de los actores”, en Paulino Arellanes Jiménez (Coord.) Escenarios, actores y conflictos internacionales. Grupo Editorial Patria, México, 2008, p. 72
[3] Ileana Cid Capetillo y Pedro González Olvera. “Los sujetos de las relaciones internacionales”, en Relaciones Internacionales, nos. 33-34, UNAM, FCPyS, CRI, julio-diciembre de 1984, p. 127
[4] Existen autores como Sartori que sostienen la premisa de la existencia de una crisis de la humanidad, a causa de la pérdida del conocimiento como consecuencia de la dependencia a la imagen, lo que ha traído el advenimiento de una sociedad internacional teledirigida. Para profundizar sobre el tema consultar Giovanni Sartori. Homo videns: la sociedad teledirigida. Séptima edición, Ed. Taurus, México, 2005, p. 205.
[5] José A. Sotillo. “Actor  internacional”. Universidad Complutense de Madrid. consultado en: http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/A/actorinternacional.pdf

martes, 27 de agosto de 2013

¿El fin del “paréntesis” democrático? Reflexiones sobre el golpe de Estado y el regreso de los militares al centro de la vida política egipcia

Por Jaime Vigna Gómez



Dos años y medio después del inicio de las movilizaciones que sacudieron Egipto y que terminaron con la dictadura de casi tres décadas de Hosni Mubarak, el futuro de este país africano sigue siendo incierto. En las últimas semanas el golpe de Estado en contra del Presidente electo democráticamente Mohamed Morsi, la agresiva campaña de represión en contra de la Hermandad Musulmana, el fortalecimiento del ejército y la concentración del poder en torno a la figura del general Abdel Fatá al Sisi amenazan con detener los avances democráticos alcanzados a raíz de la llamada Primavera Árabe y demuestran que el “periodo de transición” egipcio está apenas comenzando.

Varios son los elementos que vale la pena destacar de la situación actual por la que atraviesa Egipto. El primero es el poder que han adquirido de los militares. Aunque es innegable que han fungido como los grandes orquestadores de los cambios políticos ocurridos en Egipto desde el inicio de la Primavera Árabe[i] (la caída de Mubarak, la celebración de elecciones, el golpe de Estado contra Morsi) y que nunca se fueron del centro de la toma de decisiones, tras el golpe de Estado su poder e influencia se ha incrementado notablemente. Analistas como Sami Naïr han enfatizado que el golpe de Estado contra Morsi no fue una revancha dirigida hacia los islamistas, sino contra la revolución de febrero de 2011[ii], argumento que se sustenta si revisamos que las medidas de represión no sólo se han dirigido en contra de la Hermandad Musulmana, sino de todo aquel grupo opositor a las políticas del nuevo régimen. La situación se vuelve aún más preocupante si tomamos en cuenta que ante la inexistencia de una opción política viable, disminuyen considerablemente las posibilidades de que se organicen elecciones en el corto y mediano plazo, abriendo la puerta a que este “periodo de transición” se extienda indefinidamente. Tomando esto en consideración, podemos concluir que los militares no se van a ir fácilmente.

El segundo elemento es la debilidad de la Hermandad Musulmana. Su avance en los últimos tres años fue enorme, pasando de ser un grupo perseguido y clandestino a convertirse en la fuerza política más importante del país con control de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Las razones de este éxito son varias, sin embargo, destaca el hecho de que, tras la caída del régimen de Mubarak, la Hermandad era prácticamente la única organización fuera del aparato estatal con alcance realmente nacional[iii]. A pesar de que el capital político consolidado fue enorme, éste se extinguió rápidamente por malas decisiones y cálculos políticos erróneos. Los intentos de Morsi por hacerse de facultades extraordinarias y el giro marcadamente islamista que empezaron a adquirir algunas de las acciones de su gobierno asustaron no sólo a Occidente, sino a buena parte del electorado laico que había apoyado en las urnas el triunfo de la Hermandad, el cual se movilizó abiertamente en contra del giro religioso que tomó el gobierno. Los militares aprovecharon esta situación y, con el apoyo de las élites financieras y buena parte de las clases medias, llevaron a cabo el golpe de Estado de julio de 2013. En la actualidad, los principales líderes de la Hermandad, incluido el ex Presidente Morsi, han sido arrestados; el resto de sus miembros han vuelto a la clandestinidad. A pesar de que no podemos descartar a la Hermandad como una fuerza representativa, las posibilidades reales de que vuelvan próximamente al centro de la vida política egipcia son reducidas.



El tercero elemento destacable es el discreto apoyo que el sistema internacional ha otorgado al regreso de los militares. Las medidas para censurar el golpe de Estado por parte de Estados Unidos y la Unión Europea han sido muy tibias: el primero anunció la suspensión de maniobras militares conjuntas con Egipto y aseguró que no revisaría la ayuda anual de 1,500 millones de dólares, mientras que la UE sólo bloqueó el envío de armas que pudiesen ser usadas para la represión interna y externó su intención de revisar la ayuda que se otorga a ese país árabe[iv]. En este sentido, las teorías sobre el involucramiento externo, tanto estadounidense como israelí, en el golpe de Estado se han mantenido en el aire; por ejemplo, hace unos días el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, acusó directamente a Israel de estar detrás de los acontecimientos del 3 de julio[v]. No obstante, ante la crisis siria, se antoja muy poco probable un involucramiento activo por parte de países de la región.

A pesar del difícil panorama anteriormente escrito, existen algunas señales positivas que nos demuestran la dificultad de que Egipto regrese a una nueva era Mubarak sin Mubarak. La acumulación de tanto poder por parte de los militares parece ser insostenible en el mediano plazo, especialmente en una sociedad altamente politizada y muy efervescente, la cual se movilizó recientemente en contra de un régimen muy similar. Otra señal positiva es que la sociedad civil demostró que no está dispuesta a sacrificar su laicidad en aras de la democracia, lo que abre la puerta a la conformación de nuevas opciones de organización política formal fuera del modelo islámico. El camino que debe recorrer Egipto todavía es sinuoso y las preguntas son muchas ¿el golpe de Estado fue el fin del paréntesis democrático egipcio? ¿La continuación de una etapa de revoluciones? ¿El inicio de la construcción de un nuevo sistema? Las respuestas siguen en el aire…




[i] Al respecto se recomienda revisar el texto Yasmine Faoruk, “La ‘revolución’ de Egipto: muy pronto para concluir, a tiempo para excluir”, Foro Internacional, vol. LII (2), núm. 208, abril-junio 2012.
[ii] Sami Naïr, “¿Qué pasa en Egipto?”, El País, Opinión, 27 de agosto de 2013. Disponible en http://elpais.com/elpais/2013/08/26/opinion/1377515294_289071.html
[iii] Asef Bayat, Making Islam Democratic. Social Movements and the Post-Islamic Turn, Stanford, Stanford University Press, 2007, p. 143.
[iv] Laurence Norman, “EU Foreign Ministers Move Carefully on Egypt Ties”, The Wall Street Journal, Middle East News, 21 de agosto de 2013. Disponible en http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323665504579026241775620978.html
[v] “Israel behind Egypt military coup: Turkey’s prime minister”, Press TV, África, 20 de agosto de 2013. Disponible en http://www.presstv.ir/detail/2013/08/20/319650/israel-behind-egypt-coup-turkey-pm/

viernes, 23 de agosto de 2013

Repensando el Declive Europeo


Escrito por: E. Chantalle González López


La compleja situación económica y política de Europa hace frecuentes las proyecciones pesimistas sobre su futuro y ha llevado a muchos autores, como Fareed Zakaria[1], a hablar sobre su irremediable declive como potencia mundial. No obstante, el análisis de su declive requiere también de una evaluación objetiva de sus fortalezas y de los elementos que nos permiten hablar de una continuidad en su poder e influencia global.

Hace menos de una década el proyecto de integración europea se veía con gran entusiasmo. C. Kupchan escribió:La integración de Europa es uno de los acontecimientos geopolíticos más importantes del Siglo XX. Representa un momento decisivo […] Europa ha tomado la historia en sus manos y está esculpiendo su propio paisaje.”[2] Se hablaba de la posibilidad de que el euro sustituyera al dólar como la moneda para las transacciones internacionales e incluso se le consideraba uno de los contendientes de la decadente hegemonía estadounidense.

Hoy el panorama parece mucho menos prometedor. La crisis de la deuda soberana en la zona euro, intensificada a raíz de los problemas fiscales en países como Grecia, ha puesto en duda la permanencia de la unión monetaria y política y ha evidenciado las grandes disparidades que existen entre sus miembros.

No obstante la difícil situación que atraviesa la Unión Europea, hablar de su desaparición o declive como un hecho es un tanto aventurado. El análisis riguroso de la situación requiere tener la imagen completa y analizar también en los elementos de continuidad en su poder relativo en múltiples ámbitos:

En términos económicos; en su conjunto, la Unión Europea tiene actualmente la economía más importante del mundo en términos del Producto Interno Bruto (PIB) que asciende a 15.7 billones en 2012 (ligeramente superior a la de Estados Unidos), un PIB per capita de 34,500 dólares, la segunda moneda de reserva internacional, el euro; y un mercado interno de más de 500 millones de personas (que representa más del 7% de la población mundial).[3] De acuerdo al Índice de Competitividad global recientemente publicado 5 de sus países miembro se encuentran entre las 10 economías más competitivas del mundo.[4]

En términos políticos, la UE lleva a cabo una política exterior innovadora que va más allá de la fuerza militar, incorpora elementos de poder suave con base en su influencia económica, por ejemplo a través de la promoción de los derechos humanos y la defensa del medio ambiente; y en otras áreas de poder civil como la ayuda externa a países en desarrollo (cada año más de 7.000 millones de euros en este rubro).[5] Desempeña un papel decisivo en la resolución de conflictos regionales y globales, como lo demostró durante la primavera árabe y en la intervención humanitaria en Libia.

En el ámbito militar, tiene el segundo presupuesto más importante después de Estados Unidos, representando el 21% del gasto militar mundial y 1.6% de su PIB (de acuerdo a datos de 2010)[6]. Asimismo, dos de sus miembros (Gran Bretaña y Francia) poseen arsenales nucleares y cuentan con efectivos militares desplegados en diversas regiones, desempeñando funciones de mantenimiento de paz.

En resumen, al hablar de las fortalezas y poder de Europa como unidad política Moravcsik argumenta: “Europa es la única región del mundo, además de Estados Unidos, capaz de ejercer una influencia global en todo el espectro de poder, desde el ‘duro’ hasta el ‘suave’. Europa es la única región, además de Estados Unidos, que proyecta poder militar intercontinental. Los países europeos poseen una serie de eficaces instrumentos civiles para la proyección de la influencia internacional, inigualable por cualquier país, incluso en Estados Unidos. Estas herramientas incluyen la ampliación de la Unión, la política de vecindad, el comercio, la ayuda exterior, el apoyo a las instituciones multilaterales, el derecho internacional, y los valores europeos.”[7]

Así pues, sería un error sería un error tomar en cuenta sólo las fortalezas y evadir las vulnerabilidades de Europa. El poder no es estático, no proviene de una sola fuente, sino más bien es producto de la manera en que una serie de recursos de poder se conjuntan para lograr sus intereses. En este sentido, habrá que dar tiempo para ver si una Europa unida logrará superar la crisis y si conseguirá seguir proyectando su influencia económica y política en el plano global. La moneda está en el aire.





[2] Kupchan, The End of the American Era.
[3] Datos de la CIA World Factbook.
[5] Europa es el primer lugar en asistencia para el desarrollo con el 50% del total mundial. Ídem., p. 162.
[6] European Defense Agency. http://www.eda.europa.eu/Libraries/Documents/EU-US_Defence_Data_2010.sflb.ashx [consulta: septiembre de 2012]
[7] Andrew Moravcsik. “Europe, the Second Superpower”, p. 91.