Por: Danaé Peña
La
energía nuclear ha sido un tema de discusión que desde hace más de medio siglo
ha estado presente en la opinión pública internacional. Desde su nacimiento a
finales de la década de 1950 se formó un halo de mitos y realidades alrededor
de ella, para algunos representa la esperanza
de suministro de energía de la humanidad -libre de emisiones de gases de efecto
invernadero- y para otros riesgos de seguridad, residuos altamente radiactivos, altos costos de construcción y operación de las plantas y dudas sobre si es realmente amigable con el medio ambiente.
El
acontecimiento reciente que reavivó el debate, el desencanto y trajo a la
memoria lo acontecido en Chernóbil, ocurrido en la primavera de 1986, fue el accidente nuclear en Japón en marzo de
2011, ocasionado por un terremoto y un tsunami que azotó la isla. Este hecho constituyó un punto de inflexión
para repensar la política energética internacional, desencadenando un efecto
dominó, ya que en mayo del mismo año Alemania y Suiza, anunciaron su paulatino
apagón nuclear para la próxima década e Italia
y Bélgica le siguieron los pasos.
Así
mismo mientras hay países que pretenden alejarse de la energía nuclear hay
otros que mantienen el mismo rumbo, uno de los países que conserva inamovible
su política energética es Francia el país con mayor dependencia de la energía
nuclear, con 58 plantas.
De
acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de Naciones
Unidas[1], existen
442 reactores nucleares operativos en 29 países[2], en América Latina, los países con plantas
nucleares son: Argentina, Brasil y México, nuestro país con las plantas de Laguna Verde I y II en el
estado de Veracruz.
Actualmente
están en construcción alrededor de 60 nuevos reactores en el mundo y el país
más hambriento de energía es China con 27 de ellos.
Respecto
a la decisión de Alemania se ha especulado que
no ha sido una obra puramente bondadosa la de apagar sus centrales
nucleares para 2022, Ulrich Beck apunta que “A los alemanes lo que les impulsa
es un miedo astuto. Olfatean las oportunidades económicas del mercado mundial
del futuro. En alemán, el vuelco energético es sinónimo de empleo.”[3]
Es
verdad que los alemanes le han apostado fuertemente a la energía solar y a la
energía eólica, pero cuando el viento o el Sol no los respalda, también
importan electricidad de plantas nucleares de otros países, principalmente de
su vecino francés, y si efectivamente deciden estar libres de energía nuclear, eso
no lo podrán seguir haciendo.
Es
un hecho que el uso pacífico de la
energía nuclear plantea riesgos para la seguridad como lo han puesto de
manifiesto los desafortunados incidentes en la historia de su existencia, a
pesar de todos los avances tecnológicos, los accidentes son posibles y sus
consecuencias en la salud pública mundial y en el medio ambiente perdurarán
años.
Como
bien señala Beck, el concepto de riesgo del siglo XIX aplicado a
la energía nuclear de comienzos del XXI es una categoría zombi, una categoría
que nos hace ciegos a la realidad en la que vivimos. No sólo no es irracional
el abandono de la energía nuclear: lo que es irracional es seguir respaldándola
después de Fukushima, ya que se basa en un concepto anticuado de riesgo que se
inmuniza contra la experiencia histórica.[4]
Está
situación nos coloca en una encrucijada peor, necesitamos energía que no
caliente el planeta, la energía nuclear es la que menos emisiones de bióxido de
carbono genera pero implica altos costos, porque como muchas otras cosas en el
mundo el consumo de energía también es desigual, de acuerdo con la Agencia
Internacional de Energía, mientras un ciudadano estadounidense consume unos
6,700 watts en promedio al año un habitante en África consume 650 watts.
Considero
que es necesario aprender de las lecciones de la historia, replantear la
estrategia, apostar por las energías renovables y no sólo modificar la forma en
que se produce sino también la manera en que se consume energía, el ahorro debe prevalecer sobre el derroche.
[1]
Creado
en 1957 con los objetivos principales de promover la utilización segura y
pacífica de la energía nuclear impidiendo su uso destructivo y servir de
foro global para la puesta en común de conocimientos y técnicas nucleares entre
los países industrializados y los países en desarrollo.
[2] El
mapa nuclear en el mundo, EL PAÍS, Internacional, Disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2011/03/14/actualidad/1300057215_850215.html
[3] Ulrich,
Beck, Por qué renuncia Alemania a la energía nuclear, Tribuna, El País,
España, 22-06-2011, Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/opinion/renuncia/Alemania/energia/nuclear/elpepiopi/20110622elpepiopi_11/Tes

El uso de energías alternativas es lo más deseable posible, sin embargo, a veces el desarrollo de este tipo de energías y la transición de su uso puede llegar a ser lento. El caso de Japón es relevante en el sentido que, no teniendo una gran cantidad de recursos fósiles, y después de depender en casi una tercera parte de la energía nuclear, antes de comenzar a fortalecer su plan de crecimiento de energías renovables debe hacer frente al déficit ocasionado por la importación de energía que requiere ahora y cuyas necesidades no pueden ser diferidas (a pesar de los planes para reducir el porcentaje de consumo energético).
ResponderEliminarPor otro lado, algunos países como China, además de la brutal expansión en la búsqueda energética mundial, se han enfocado en la construcción de de infraestructura de energías renovables. Aunque dicha acción podría tomarse en principio como positiva, habría que aclarar que la construcción y operación de dichas plantas (como las hidroeléctricas) no se da en condiciones óptimas; ni libres de riesgo humano y no son especialmente cercanas al respeto por el entorno natural (se han construido a costa del paisaje natural).