lunes, 5 de agosto de 2013

Las mafias y el Estado. Repensando la justicia en México.


Por: Martín Jiménez


Desde el sexenio pasado, ha comenzado en México lo que muchos han denominado como una guerra en contra del narcotráfico, que no es otra cosa que una ofensiva militar y policiaca en contra de quienes se dedican al trasiego de sustancias ilícitas (drogas ilegales). Este ataque ha traído como consecuencia directa un aumento de la violencia (que se ve reflejada en un aumento sustancial de los homicidios 1 en varias partes del país, particularmente en el norte y las costas del Pacífico), no sólo entre "los buenos" (militares y policías) contra "los malos" (los grupos criminales/mafiosos), sino particularmente entre "los malos" mismos.

Esta visión extremadamente maniqueísta, sin embargo, es la que termina privando en buena parte de la sociedad mexicana y en la mayor parte de los políticos, aunque en buena medida el movimientos sociales como el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, así como distintas asociaciones de víctimas, han hecho esfuerzos impresionantes por desmitificar este tema, evidenciando que existen muchísimas víctimas inocentes que terminan sufriendo los estragos de esta guerra.

Sin embargo, aún aceptando que existen estas víctimas, pareciera que la visión maniqueísta queda intacta, incluso llegando a radicalizarse en algunas de estas víctimas. Hablar de que "se necesita más mano dura" lleva implícita una visión de que el fondo del problema es que "los buenos" son menos que "los malos", o que están menos preparados o, peor aun, que no pueden hacer su trabajo porque la protección de los derechos humanos de "los malos" les impide enfrentarles en igualdad de circunstancias.

El gran problema con estas afirmaciones es que ignoran que las mafias tienen un comportamiento esencialmente dialéctico: Por un lado combaten y buscan debilitar al Estado y a sus instituciones, y por otro se insertan de lleno en éste, sacando provecho de sus aparatos y fuerzas 2. Por lo tanto, si lo que se pretende es atacar a "los malos", lo primero que se debe de hacer es reconocer cómo es su funcionamiento para entonces poder proponer soluciones de acuerdo a su complejidad.

Eso es lo que Paolo Borsellino y Giovanni Falcone entendieron y denunciaron cuando se decidieron a iniciar el llamado "maxi processo" en contra de Cosa Nostra. Desde las primeras investigaciones, Falcone y Borsellino comenzaron a entender los nexos de la mafia con policías, carabineros, mandos del ejército, alcaldes, diputados, senadores... que llegaron hasta el propio Presidente del Consejo de Ministros, Giulio Andreotti, aunque a éste nunca se le pudieron imputar cargos. Todas las acusaciones se fueron reuniendo en una sola, de ahí el nombre de "maxi processo", que aunque les costó la vida, lograron un cambio radical en las relaciones sociales, judiciales y políticas italianas, formando a toda una generación dispuesta a seguir su ejemplo de lucha por la justicia, que en buena medida aseguró la independencia del poder judicial y que fue determinante para que se iniciara proceso de Manos Limpias (Mani Pulite), que en los años noventa salpicaría a prácticamente toda la clase política y a una buena parte de empresarios italianos.

Es decir, que para que la justicia fuese posible, lo primero que había que hacer era reconocer que se tenía un Estado mafioso y corrompido, por lo que, emprenderían con un puñado de gente del poder judicial, una larga y profunda investigación en contra de quienes aseguraban la continuación de este Estado mafioso.

Actualmente, un "maxi processo"en México parece impensable por una sencilla razón, que, sin embargo, conllevaría un cambio estructural del poder judicial mexicano: El poder judicial, de facto, se encuentra subordinado al ejecutivo. Los procuradores de justicia son designados directamente como parte de los gabinetes del ejecutivo en todos los niveles, supeditando su actuar al Calderón, Peña, Ebrard, Mario Marín o Fidel Herrera en turno.

Así, la justicia en México depende en buena medida de los intereses (muchos mafiosos) del gobierno en turno. Por tanto, lo que se requiere no es tanto un cuerpo de carabineros, gendarmes o cualquier otra policía militarizada, ni que el ejército y la marina sigan en las calles y carreteras, ni tampoco una "mejor" policía, pues todo esto significa sólo hablar de las cuestiones que tienen que ver con el ejercicio de la vigilancia. Lo que se requiere es olvidarse de posturas maniqueístas y simplistas que ignoran que "los buenos" y "los malos" nunca están claramente definidos, para trabajar por un cuerpo judicial independiente que permita identificar cómo funciona un Estado mafioso y a partir de ahí impartir justicia. No continuar dándole más poder y atributos a un poder judicial que forma parte de ese Estado.



Foto: Diario La  Repubblica: http://temi.repubblica.it/micromega-online/falcone-e-borsellino-santi-laici-nellitalia-senza-legalita/

1 http://www.animalpolitico.com/2012/08/se-triplica-numero-de-homicidios-en-mexico-en-los-ultimos-6-anos/?utm_source=Contextly&utm_medium=Sidebar&utm_campaign=Previous#axzz2b84g8mDj

2 Véase G. Falcone, "Io, Falcone, vi spiego cos'è la mafia", en: http://www.giustizia.it/giustizia/protected/751216/0/def/ref/NOL751213/

1 comentario:

  1. Me parece muy interesante tu reflexión, en virtud no solo del tema que decidiste abordar, sino por ser objetivo y propositivo. Te felicito.

    Considero que el hacer especial énfasis , en la negada pero clara, participación del Estado con el narcotráfico, es de suma importancia para entender los fracasos de las diferentes iniciativas, que más allá de convertirse en una respuesta o punto de partida a la solución, han redundado en la vigencia de estos grupos y en un agravamiento de la violencia e inseguridad a nivel nacional. Desde luego este planteamiento resultará radical, incoherente y/o falso para algunos; no obstante, es innegable el alto grado de confabulaciones que existen entre dichas organizaciones y el Estado. Si bien tampoco puede generalizarse la corrupción en el aparato estatal, es preciso decir que sí existen connivencias, mismas que tienen la capacidad de incidir en el devenir de las estrategias, pudiéndose convertir en factores determinantes para el resultado.

    La dicotomía que constantemente mencionas, me parece que la aterrizas perfectamente al obviar su inexistencia per sé, es decir, cuando mencionas que "buenos y malos nunca están claramente definidos". Creo que se puede leer en perfecta concordancia con lo que mencioné anteriormente, en razón de que creo que hablar de su "existencia" (de la dicotomía,) va dirigida al grueso poblacional con la intención de enfatizar y legitimar los intentos para hacer frente al problema.

    Desde luego que no se puede ir en menoscabo de la labor emprendida por el cuerpo militar y policial, no puede negarse el compromiso que han mostrado tener incluso a costa de sus vidas, pero como mencionas, son solo una vigilancia. No obstante, tampoco es permisible que sigan enfrentando un enemigo que encuentra gran parte de su fuerza en aquel que debiera garantizar la seguridad, que no es otro, que el que les da las órdenes. Es una lucha que no se puede ganar de seguir así.

    La respuesta no puede ser la esperanza o buena voluntad de la población, la asistencia de un "ser superior", el tedio de estos grupos de seguir en estas prácticas y mucho menos la participación de terceros; aun cuando parece que el Estado se encomienda a todas menos a la que resulta ser la más clara, bien dicen que "hay que comenzar en casa". Atinadamente comentas que es un problema estructural, con un poder judicial subordinado que se muestra ineficiente en otros casos conocidos, como los de malversación de fondos según recuerdo; en relación a entender su funcionamiento, creo, que no va por ahí la respuesta, pues ya ves que algunos son colegas entre sí. Lo que realmente pienso haría la diferencia, es el reconocimiento del "Estado mafioso".

    Lamentablemente reconocer la corrupción en el Estado, es algo que hasta la fecha queda en el plano discursivo e incluso no generalizado, a diferencia de Borsellino y Falcone, muy pocos están dispuestos a entregar la vida por la causa. Empero, retomo la mención que haces de la labor llevada a cabo por los movimientos sociales, encaminando mi comentario a decir, que hasta que no exista voluntad del gobierno, siguen siendo nuestros primeros frentes con posibilidades de éxito en "esta lucha".

    Ángel

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