Dos
años y medio después del inicio de las movilizaciones que sacudieron Egipto y
que terminaron con la dictadura de casi tres décadas de Hosni Mubarak, el
futuro de este país africano sigue siendo incierto. En las últimas semanas el
golpe de Estado en contra del Presidente electo democráticamente Mohamed Morsi,
la agresiva campaña de represión en contra de la Hermandad Musulmana, el
fortalecimiento del ejército y la concentración del poder en torno a la figura
del general Abdel Fatá al Sisi amenazan con detener los avances democráticos alcanzados
a raíz de la llamada Primavera Árabe y demuestran que el “periodo de
transición” egipcio está apenas comenzando.
Varios
son los elementos que vale la pena destacar de la situación actual por la que
atraviesa Egipto. El primero es el poder que han adquirido de los militares.
Aunque es innegable que han fungido como los grandes orquestadores de los
cambios políticos ocurridos en Egipto desde el inicio de la Primavera Árabe[i]
(la caída de Mubarak, la celebración de elecciones, el golpe de Estado contra Morsi)
y que nunca se fueron del centro de la toma de decisiones, tras el golpe de
Estado su poder e influencia se ha incrementado notablemente. Analistas como
Sami Naïr han enfatizado que el golpe de Estado contra Morsi no fue una
revancha dirigida hacia los islamistas, sino contra la revolución de febrero de
2011[ii],
argumento que se sustenta si revisamos que las medidas de represión no sólo se
han dirigido en contra de la Hermandad Musulmana, sino de todo aquel grupo
opositor a las políticas del nuevo régimen. La situación se vuelve aún más
preocupante si tomamos en cuenta que ante la inexistencia de una opción
política viable, disminuyen considerablemente las posibilidades de que se
organicen elecciones en el corto y mediano plazo, abriendo la puerta a que este
“periodo de transición” se extienda indefinidamente. Tomando esto en
consideración, podemos concluir que los militares no se van a ir fácilmente.
El
segundo elemento es la debilidad de la Hermandad Musulmana. Su avance en los
últimos tres años fue enorme, pasando de ser un grupo perseguido y clandestino
a convertirse en la fuerza política más importante del país con control de los
poderes Ejecutivo y Legislativo. Las razones de este éxito son varias, sin
embargo, destaca el hecho de que, tras la caída del régimen de Mubarak, la
Hermandad era prácticamente la única organización fuera del aparato estatal con
alcance realmente nacional[iii].
A pesar de que el capital político consolidado fue enorme, éste se extinguió
rápidamente por malas decisiones y cálculos políticos erróneos. Los intentos de
Morsi por hacerse de facultades extraordinarias y el giro marcadamente
islamista que empezaron a adquirir algunas de las acciones de su gobierno
asustaron no sólo a Occidente, sino a buena parte del electorado laico que
había apoyado en las urnas el triunfo de la Hermandad, el cual se movilizó
abiertamente en contra del giro religioso que tomó el gobierno. Los militares
aprovecharon esta situación y, con el apoyo de las élites financieras y buena
parte de las clases medias, llevaron a cabo el golpe de Estado de julio de
2013. En la actualidad, los principales líderes de la Hermandad, incluido el ex
Presidente Morsi, han sido arrestados; el resto de sus miembros han vuelto a la
clandestinidad. A pesar de que no podemos descartar a la Hermandad como una
fuerza representativa, las posibilidades reales de que vuelvan próximamente al
centro de la vida política egipcia son reducidas.
El
tercero elemento destacable es el discreto apoyo que el sistema internacional
ha otorgado al regreso de los militares. Las medidas para censurar el golpe de
Estado por parte de Estados Unidos y la Unión Europea han sido muy tibias: el
primero anunció la suspensión de maniobras militares conjuntas con Egipto y aseguró
que no revisaría la ayuda anual de 1,500 millones de dólares, mientras que la UE
sólo bloqueó el envío de armas que pudiesen ser usadas para la represión
interna y externó su intención de revisar la ayuda que se otorga a ese país
árabe[iv].
En este sentido, las teorías sobre el involucramiento externo, tanto
estadounidense como israelí, en el golpe de Estado se han mantenido en el aire;
por ejemplo, hace unos días el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, acusó
directamente a Israel de estar detrás de los acontecimientos del 3 de julio[v].
No obstante, ante la crisis siria, se antoja muy poco probable un
involucramiento activo por parte de países de la región.
A
pesar del difícil panorama anteriormente escrito, existen algunas señales
positivas que nos demuestran la dificultad de que Egipto regrese a una nueva
era Mubarak sin Mubarak. La acumulación de tanto poder por parte de los
militares parece ser insostenible en el mediano plazo, especialmente en una
sociedad altamente politizada y muy efervescente, la cual se movilizó recientemente
en contra de un régimen muy similar. Otra señal positiva es que la sociedad
civil demostró que no está dispuesta a sacrificar su laicidad en aras de la
democracia, lo que abre la puerta a la conformación de nuevas opciones de
organización política formal fuera del modelo islámico. El camino que debe
recorrer Egipto todavía es sinuoso y las preguntas son muchas ¿el golpe de
Estado fue el fin del paréntesis democrático egipcio? ¿La continuación de una
etapa de revoluciones? ¿El inicio de la construcción de un nuevo sistema? Las
respuestas siguen en el aire…
[i] Al respecto se recomienda revisar el
texto Yasmine Faoruk, “La ‘revolución’ de Egipto: muy pronto para concluir, a
tiempo para excluir”, Foro
Internacional, vol. LII (2), núm. 208, abril-junio 2012.
[ii] Sami Naïr, “¿Qué pasa en Egipto?”, El País, Opinión, 27 de agosto de 2013.
Disponible en http://elpais.com/elpais/2013/08/26/opinion/1377515294_289071.html
[iii] Asef Bayat, Making
Islam Democratic. Social Movements and the Post-Islamic Turn, Stanford,
Stanford University Press, 2007, p. 143.
[iv] Laurence Norman, “EU Foreign Ministers Move Carefully on Egypt
Ties”, The Wall Street Journal,
Middle East News, 21 de agosto de 2013. Disponible en http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323665504579026241775620978.html
[v] “Israel behind Egypt military coup: Turkey’s prime minister”, Press
TV, África, 20 de agosto de 2013. Disponible
en http://www.presstv.ir/detail/2013/08/20/319650/israel-behind-egypt-coup-turkey-pm/


Me pareció un muy buen artículo. A reserva de parecer contrastante con el entusiasmo del artículo sobre las señales positivas entorno a la situación egipcia (el posicionamiento mayoritario a favor del secularismo y la sociedad politizada) quiero mencionar una perspectiva que me parece muy interesante ofrecida por el experto Mauricio Mecholuam. Dicha perspectiva se refiere (parafraseada e interpretada por mí)a que el aseguramiento actual del poder militar en Egipto deriva de un proceso paulatino en el cual se dieron en realidad 3 golpes de estado,(sobre Mubarak, la disolución del parlamento y el mismo Morsi) es decir, que, sin importar las observaciones optimistas entorno a la población egipcia, la milicia no ha dejado de estar ahí, haciendo sombra o posicionándose de manera privilegiada en la transición. Ojalá lo anterior no suponga una respuesta afirmativa a tu primera interrogante, aunque vale la pena pensar sobre esta afirmación (de Meschoulam):
ResponderEliminar“Entender lo que pasa en Egipto, implica valorar que en ese país los cambios y movimientos varios no han supuesto una transformación en las estructuras del poder económico y político, sino ajustes diversos para que las viejas fuerzas sobrevivan.”
Les comparto el texto:
http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2013/08/66057.php
Ferny, coincido completamente con lo que dice Mecholuam, de hecho, las señales positivas las puse para que mi análisis no pareciera tan fatalista, sin embargo, coincido completamente en que los militares han controlado y siguen controlando todo en Egipto y que es muy, muy difícil que salgan de la vida política, al menos en el corto o mediano plazo.
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