martes, 6 de agosto de 2013

Mandela, el estadista más allá del activista

                              

Por: Fernanda Cisneros

"Es muy fácil romper y destruir. Los héroes son aquellos que hacen la paz y construyen" Nelson Mandela

Entre su inestable estado de salud, con la llegada de sus 95 años y en medio de una amenaza infundada de restricción de servicios, Nelson Mandela ha sido noticia recurrente en los medios de comunicación durante los últimos meses. Aunque es mejor recordado por su papel de activista y sus labores durante los años de lucha anti apartheid, su  papel como estadista y reconstructor del país del sur de África, no puede ser menos destacado. Aprovechando el ímpetu del contexto noticioso sería prudente hablar precisamente de esa faceta del ex mandatario sudafricano.

Nelson Mandela fue declarado el primer presidente negro de Sudáfrica después de una victoria avasalladora –del 63%-[1] en las elecciones de 1994. Una vez ganadas las elecciones, Mandela  junto con el Congreso Nacional Africano –o CNA, partido que lo abanderó y que aglutinaba a la mayor parte de la población negra sudafricana- ascendieron al mando gubernamental, lo que no significaba per se contar con el poder político, pues el nuevo gobierno debió representar intereses amorfos; empleados organizados, empresarios negros, una clase media emergente, pobres rurales, una élite intelectual multirracial formada por tradiciones contendientes y radicales. Ninguno de esos grupos, sin embargo, era completamente dominante ni su ascendencia segura, por lo que las luchas y fricciones derivadas de la búsqueda de influencia en el país fue constante.

Es precisamente en ese contexto de transición incipiente y de búsqueda de estabilidad que encontró espacio la formación de un ícono carismático y necesario como Mandela. En cierta forma, la importancia de la figura de Mandela se vio favorecida por este contexto, aunado a características personales muy especiales, a partir de las que se puede afirmar que sin él Sudáfrica post apartheid no habría sido la misma.

 Este líder supo conjuntar hábilmente ciertos elementos de la tradición africana, -al que el mismo pertenecía como nieto de un rey de la etnia xhosa- con la visión de un líder moderado y respetable para la comunidad internacional. Este último elemento era fundamental, pues dicha comunidad había tenido un papel decisivo para desmantelar el régimen del apartheid por las presiones ejercidas vía boicot –económico y político- contra Sudáfrica, por lo que en cierta medida, la aceptación, especialmente de occidente, era crucial.

Su respeto por la tradición africana era mostrada en sus apariciones públicas mediante el uso de vestimentas tradicionales africanas, sí es que habría de dirigirse a un grupo con fuertes raíces de dicho perfil, además de pedir respeto por las costumbres y tradiciones africanas y los líderes tradicionales africanos, a los cuales se mantuvo en un estatus especial, llevándose una serie de acuerdos y concesiones con ellos[2]. Sin embargo, tanto Mandela como sus compañeros de las ligas juveniles del CNA fueron los primeros africanos negros profesionales de clase media en hacer del activismo político su foco principal, lo cual lo alejaba de un modo de vida netamente tradicionalista.

El primer presidente africano a menudo mantuvo un papel de mediador en el complejo sistema de alianzas, y logró el respeto de gran parte de la población sudafricana que tiende a dividirse en gamas a las que Desmond Tutú –ganador del Premio Nobel de la Paz y activo participante en la Comisión de la Verdad y la Reconciliación-, denominaría  “nación arco iris”[3]. A pesar de la antipatía generalizada de la población blanca por el CNA, según encuestas, en 1998, el 59% de dicha población  pensaba que Mandela estaba haciendo bien su trabajo[4].

Conciliar intereses fue la labor  principal de Nelson Mandela en la construcción de la nueva Sudáfrica, lo que supuso desde asuntos simbólicos como el apoyo a los eventos deportivos mundiales en los que el país tuvo participación –como la Copa Mundial de Rugby y la Copa de las Naciones Africanas- y reuniones cordiales con figuras emblemáticas del apartheid –como la viuda de  Hendrik Verwoerd, uno de los creadores del régimen segregacionista- hasta acciones más profundas como la creación de reformas, leyes e iniciativas. Éstas de ninguna manera son atribuibles exclusivamente a él e incluso sobrepasan su periodo gubernamental, pero contaron con su  amplio respaldo como presidente de la República Sudafricana y son clara muestra del sistema de concesiones.

Algunas de las políticas que inician con Mandela, que han dejado legado y han permitido construir una nueva Sudáfrica, son; el Programa de Reconstrucción y Desarrollo –RDP, por sus siglas en inglés- y el Plan de Crecimiento, Empleo y Redistribución -GEAR, por sus siglas en inglés-  las leyes en el rubro laboral,  las reformas local y agraria y  la conformación de la Comisión de la Verdad Sudafricana. Estas acciones favorecieron la reactivación económica, el acceso por primera vez a servicios básicos y su ampliación al grueso de la población, la inclusión de la población negra a la vida política y económica y la reconciliación –aunque esto también significó pasar de largo las ofensas de todos los bandos durante el apartheid- en aras de la transformación sudafricana.




[1] Rita Barnard, Grant Farred (ed.), “ After the thrill is gone: a decade of post-apartheid South Africa”, vol. 103, n° 4, en The South Atlantic Quarterly, Duke University, Estados Unidos, 2004, p. 634.
[2] Lo que ha creado algunos conflictos debido a que en el nuevo sistema político han adquirido mayor influencia y han reclamado más concesiones, lo que obstaculiza los esfuerzos por  extender derechos y libertades en la población, como en el caso agrario que será tratado más adelante. En: Heins Marais, Sudáfrica, límites al cambio, la economía política de la transformación, Siglo Veintiuno Editores, México, 2002,  p. 420.
[3] Esto a partir de la apreciación física de los grupos étnicos que componen la población sudafricana: negros -población originaria que vivía en los territorios que ahora conforman  Sudáfrica, así como esclavos traídos de otras regiones africanas-, blancos -descendientes de los primeros colonizadores; calvinistas holandeses, hugonotes franceses, alemanes y posteriormente británicos-, mestizos o personas de colores intermedios, así como población originaria de países asiáticos -en especial India-. A partir de: Edmundo Hernández Vela-Salgado, Diccionario de Política Internacional,Tomo I, Porrúa, México, 2002,  p. 27.
[4] Tom Lodge, Politics in South Africa, from Mandela to Mbeki, Indiana University Press, Estados Unidos, 2002, p. 17.

3 comentarios:

  1. Mandela sin duda es una de las personalidades más importantes y reconocidas de nuestros tiempos, un líder querido no sólo en Sudáfrica sino también en el continente y el resto del mundo (de los que hacen falta).
    Como mencionas en el artículo no sólo fue un luchador contra la opresión y el sistema de dominación racial, también logró una Sudáfrica más prospera, con más oportunidades, más igualitaria y más unida, a pesar de haber sido privado de su libertad por más de 27 años.
    Me parece que lo más importante de su legado es que dejó ideales y pilares lo suficientemente fuertes que no podrán ser deshechos aun cuando él ya no esté.

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    1. Me parece muy pertinente el recuento que hace Fernanda sobre Mandela, un líder cuyos méritos son por demás conocidos.

      No obstante, al leer sobre algunos "líderes de la transición democrática" en distintos países, por ejemplo Aung San Suu Kyi en Burma, me surge la pregunta ¿Es necesario un líder una personalidad que sostenga la bandera y que le ponga cara al movimiento?

      Al leer hace poco en la revista Foreign Affairs (May-June 2013) un artículo sobre Suu Kyi, el autor (un periodista exiliado que perteneció a las juventudes opositoras que la apoyaron) escribe sobre como ella ha "personalizado la política" y ahora toma las decisiones sólo tomando en cuenta sus propias convicciones y la manera en la que se ha distanciado de las demás fuerzas de oposición. Este periodista hace una reflexión interesante casi al final, escribe: "We are looking to "the good king" as the panacea for all the country's chronic ills. But there is not good king."

      Creo que los líderes, como todos nosotros, en toda su humanidad son vulnerables a las pasiones, a la soberbia, al deseo de poder y es ahí donde considero que radica el peligro del "culto a la personalidad" en el enaltecimiento de una sola persona como cimiento de todo un movimiento.

      Al buscar la definición de culto a la personalidad me encontré con lo siguiente: "Ciega inclinación ante la autoridad de algún personaje, ponderación excesiva de sus méritos reales, conversión del nombre de una personalidad histórica en un fetiche." El porqué sucede esto en la historia de casi todos los países viene de la concepción idealista de la historia, según la cual su curso no está determinado por la acción de las masas sino por los deseos y la voluntad de los grandes hombres (nuestros héroes nacionales).

      Entonces, regresando al tema de Sudáfrica, pienso que una transición política del tamaño que Mandela lideró, jamás hubiera sido posible sin una figura como él, en la cual se encarnaran los deseos y aspiraciones de todo un pueblo. Sin embargo, estos cambios no debe quedarse en los sacrificios y virtudes de un solo hombre; sino que deben ir más allá, hacia una transformación profunda de la sociedad sudafricana, de sus instituciones, y normas de interacción.

      Es decir, Mandela fue solo el comienzo.

      ¿Qué opinan?

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  2. Lo ideal sería que estuvieran sentadas las bases institucionales que asegurarán la continuidad en la forma de gobernar, o al menos en los marcos básicos para el funcionamiento diario de un país, sin embargo, tras las revoluciones y luchas (en este caso la lucha anti apartheid) se trastoca el orden establecido, pues el objetivo mismo, es, precisamente, transformar ese orden. En este contexto, creo que es factible y normal (no conozco casos en los que sucediera de otra manera) que surja una figura fuerte que consolide las transformaciones (a veces de manera ventajosa). Lo interesante es lo que viene después, los presidentes después de Mandela han dado continuidad a muchas de las políticas establecidas durante su mandato, especialmente las relacionadas con la inclusión social, sin embargo, también habría que considerar que el CNA ha sido el partido que se ha perpetuado en el poder, tema que no es menor.

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